¿Qué es el urbanismo táctico? Intervenciones de acupuntura urbana destinadas a generar calles amables llenas de vida, capaces de vincular espacio público, ciudadanía y movilidad. Su función es conseguir, de forma experimental, visibilizar los problemas de un punto concreto de la ciudad y sus posibles soluciones a través de instalaciones temporales y acciones urbanas puntuales. Este tipo de técnicas urbanas ha de englobarse dentro de estrategias y metodologías más amplias, y a largo plazo, que tengan en cuenta al resto de la ciudad. Es decir, las tácticas urbanas sirven para ensayar (y por tanto, mejorar en un futuro) medidas de transformación urbana, formando parte de un plan más amplio que incluya otro tipo de intervenciones y acciones en constante evaluación.

¿Qué es la semana europea de la movilidad? “Es una campaña dirigida a sensibilizar, tanto a los responsables políticos como a los ciudadanos, sobre las consecuencias negativas que tiene el uso irracional del coche en la ciudad, tanto para la salud pública como para el medio ambiente, y los beneficios del uso de modos de transporte más sostenibles como el transporte público, la bicicleta y los viajes a pie. Esta iniciativa surgió en Europa en 1999 y a partir del año 2000 contó con el apoyo de la Comisión Europea. Se celebra cada año, del 16 al 22 de septiembre, realizando actividades para promocionar la movilidad sostenible y fomentando el desarrollo de buenas prácticas y medidas permanentes”.

El 22 de septiembre se celebra además el evento ¡La ciudad, Sin coche! (en otras ciudades, el Día Sin Carro) origen de esta iniciativa europea, que pretende encontrar nuevas soluciones a los problemas asociados al aumento del tráfico en las ciudades.

Bogotá, #DíaSinCarro2015. Imagen: @estudioatope

¿Qué proponemos y solicitamos? La peatonalización de Calle Andújar durante el día 22 de septiembre para experimentar durante un día cómo sería cederlo a los peatones. ¿Por qué?

  • Se fomentaría el Camino Seguro Al Cole -> Se le da autonomía a los pequeños.
  • Se facilitaría la entrada y salida al colegio aumentando la distancia de seguridad y disminuyendo la contaminación, ideal para estos tiempos de pandemia.
  • Se favorecería el paso a pie por la calle, lo que incrementaría los recorridos y visibilizaría más los comercios que se encontrasen en esta vía.
  • Se cede una calle con poco paso de vehículos a los peatones, quienes la usan con mucha frecuencia en los horarios en los que funciona el centro educativo.
  • Se verían los aciertos y también los posibles errores a subsanar en caso de pensar en una peatonalización definitiva de este espacio como pedíamos aquí: señales de tráfico que se habrían de disponer, alternativas de circulación, uso y disfrute de la calle, modificación del entorno, beneficios para los escolares, oposición o conformidad por parte de la ciudadanía, necesidades de los vecinos, deseos de los usuarios, demandas de los comerciantes, etc.
  • Proponemos una calle con aceras llenas de vida, donde no prime solamente la cualidad espacial y la calidad formal meramente arquitectónica propias del diseño urbano, sino que sea una calle inclusiva, diversa, amable y saludable.
  • “Si diseñas una calle que funciona para los niños has diseñado una calle que funciona para todos”, Tonucci.


SE PODRÍA:

  • Delimitar la calle con vegetación para impedir la entrada de vehículos: Buscar algún vivero (municipal o particular) que cediera plantas durante un día para cerrar la entrada y salida de la calle. Si no, siempre está la opción de que los padres aportemos las nuestras.
  • Difundir la acción para que los usuarios de esta calle y de las calles anexas conozcan el cambio de uso efímero de esta calle y puedan conocer con anterioridad las alternativas para circular por la zona sin que reine el caos y el enfado.
  • Sacar mobiliario del cole a la calle durante la mañana.
  • Utilizar mobiliario del ayuntamiento durante el resto del día (incluso, que los vecinos saquen sus sillas y se sienten por la tarde (guardando las distancias de seguridad).
  • Que alguna clase pueda usar la calle durante el recreo (esto serviría para que los patios estuvieran más despejados y asegurar muchísimo más la distancia de seguridad).
  • Aprovechar para recoger la opinión de usuarios, vecinos y ciudadanía en general. Especialmente sería importante recoger las sensaciones de los más pequeños, que sean pequeños pensadores urbanos y que expresen cómo se han sentido, cómo se podría mejorar su entorno (qué les ha gustado, qué no y qué proponen). Éste es un ejercicio de observación y de análisis, que además incentiva su creatividad, su imaginación y el trabajo en equipo dentro de una experiencia real.
  • Dibujar en la calzada los trazos esquemáticos del pavimento típico del centro histórico de la ciudad como se ha hecho en otras ciudades, sin propiciar la contaminación o ruido visual (que ya se ha dado en algunos lugares) y ensayando la negociación de los implicados en los cruces cercanos al cole:

“El suelo de una #ciudad que vio nacer a sus habitantes, es el fiel testimonio que revela el amor o la desidia de los que comparten esas tierras; los unirá o los separará para siempre”, Vía INICIATIVAS, andamios para las ideas. Imagen: el Creata

Estamos en plena vuelta al cole. Ayer asistimos a la reunión que todos los años organiza el equipo directivo y los docentes del cole de nuestros peques. En esta ocasión, el tema central giró en torno a la pandemia provocada por el Covid-19 que estamos sufriendo actualmente, y a las medidas que se han de cumplir dentro del centro educativo (ya os hablamos en este post de nuestra opinión respecto al espacio público y los niños durante el confinamiento). Queremos agradecer a los docentes su gran implicación, ya que están trabajando dándole rienda suelta a la creatividad y la innovación para que los pequeños encuentren, dentro de este panorama, un clima de confianza, tranquilidad y seguridad. Por ejemplo, nuestra seño nos explicó cómo ha hecho cajitas para cada alumno como pequeños tesoros que han de cuidar (dinámicas de juego lúdico y educativo, ¡imaginación al poder!), que les va a enseñar nuevas formas de comunicarse que huyan del contacto y al mismo tiempo no impliquen ni tener miedo ni estar siempre en la prohibición (pueden saltar cuando se vean, guiñarse, saludarse con el codo,…),… .

la pregunta de todos: la entrada y salida de los peques. Ésta siempre se ha producido de manera agolpada y aglutinada. Incluso el primer día de clase, con sus tarjetitas y desorientados (especialmente los de 3 años), era complicado dejarlos y recogerlos, algunos entre lágrimas. ¿Qué ha pedido el cole? La peatonalización de la Calle Andújar (Jaén). ¡Nos pareció una grandísima idea! No hay cocheras, todo son portales y el acceso al cole, hay una farmacia, algún local de asociaciones de vecinos, algún otro local cerrado y existen calles cercanas con el mismo sentido de circulación que harían la misma función de esta calle sin dar muchos rodeos. De momento, el área de Educación del Ayuntamiento de Jaén junto con la concejalía de Seguridad Ciudadana, ha apoyado el cierre de la calle Andújar en horario de entrada y salida de los peques para evitar aglomeraciones.

Queríamos desde el blog apoyar esta magnífica idea y, sobre todo, visibilizarla y dar ideas para su viabilidad. ¿Por qué? Por varios motivos que mejorarían el entorno:

  • Se hace del entorno del cole un espacio más habitable, accesible, saludable (se reducen los niveles de contaminación), sostenible y se mejora la movilidad de los niños y de sus familias (incluidas personas mayores).
  • Hay estudios que revelan que el diseño de las vías pueden tanto incentivar como desincentivar el interés de la sociedad para usarlas. Hay que tener en cuenta que las calles no son simplemente para pasar, sino también para estar. El peatonalizar esta calle la dotaría de más flujo, de mayor seguridad ciudadana y de accesibilidad (universal) favoreciendo la conectividad con otras vías, la colectividad vecinal (que incluiría la comunidad educativa) y podría reforzar incluso la economía local de este punto concreto al favorecer el paso de gente.
  • Se le da prioridad a los peatones dentro de la ciudad, en este caso, los niños y sus familias, que son los principales usuarios durante 9 meses al año. ¿Sabíais que aproximadamente el 70% del espacio público de nuestras ciudades se destina al coche? Es una gran idea ceder alguna vía para caminarla, donde se disfrute de ella y se camine tranquilo, ¡e incluso se juegue!.
  • Además, podemos comenzar así un Camino seguro al cole (itinerarios en los que se promueve la autonomía y la seguridad de los niños en sus desplazamientos diarios desde el hogar al cole y desde el cole al hogar), dándole mucha más autonomía a los niños, ya que les ofrecemos escenarios de tranquilidad urbana.
  • Se puede experimentar en esta calle el urbanismo táctico o placemaking, es decir, intervenciones de acupuntura urbana destinadas a generar calles amables llenas de vida que son capaces de vincular espacio público, ciudadanía y movilidad. Teniendo en cuenta que muchas veces dicho urbanismo táctico puede ser usado de forma permanente por las administraciones, cuando en realidad su función es conseguir de forma experimental el ensayo de estrategias y metodologías más amplias y a largo plazo que tengan en cuenta al resto de la ciudad. Es decir, sirven para ensayar medidas de transformación urbana, formando parte de un plan más amplio que incluya otro tipo de intervenciones y acciones en constante evaluación.

Fuente: ArchDaily

¿Qué proponemos?

Las medidas para esta calle han de ser rápidas y urgentes (¡el cole empieza ya!). Intervenciones para comenzar la actividad lo antes posible.

    1. Pensar la ciudad como un espacio público, que es un potencial generador de ciudadanía. El derecho a la ciudad de sus usuarios es primordial
    2. Generar propuestas creativas y de bajo coste para poder hacer realidad la peatonalización de la calle (participativas en la medida de lo posible, dada la rapidez que requieren los cambios urbanos).
    3. Tener en cuenta que estas medidas son puntuales y deberían enmarcarse dentro de un plan general de movilidad urbana, donde primase el ciudadano y sus conexiones a pie (siempre habíamos abogado por un MetroMinuto en Jaén, ¡y ya está listo! El poder de nuestros jóvenes lo ha hecho posible) para generar ciudades lentas (Jaén es una ciudad media ideal para implementarlo), amables y sostenibles.
    4. Puede vincularse al proyecto para regenerar el patio que ya teníamos en marcha (#ProyectoPatio, #microproyectos para la creatividad colectiva), que tenía como objetivo mejorar el patio del colegio y a la vez, crear comunidad, y sentimientos de colectividad e identidad.
    5. Darle difusión tanto a la actividad como al cambio de uso de la calle para evitar conflictos y que los ciudadanos reaccionen negativamente ante esta acción. Es fundamental mostrar las opciones y alternativas posibles para poder seguir manteniendo una circulación fluida en la zona.

Este post lo hemos escrito en una tarde, así que, dada la rapidez, damos sugerencias a través de otros proyectos mientras pensamos, ideamos y diseñamos un proyecto más personalizado para la calle (portales, comercios, entrada al colegio, señales de tráfico, difusión, etc, etc):

  • Marcar el principio y el final de la calle con elementos adecuados para los niños, que estén pensados para la zona donde se van a ubicar, que llenen de vida la calle y sean un punto positivo para la misma, un aporte al diseño y composición del espacio urbano (y huir de los típicos maceteros de fundición que poco aportan a las calles aparte de evitar el tráfico, y muchas veces tienen el mismo coste). Estos pueden tener colores llamativos, estar hechos con materiales más cálidos e, incluso, poseer vegetación.

  • Posibilidad de disponer de mobiliario público y urbano en las zonas más alejadas del acceso al colegio, que además dispongan de plantas que incluso pueden formar parte de los proyectos educativos del colegio.

Fuente: ArchDaily

  • Usar pintura para el pavimento que marque la entrada al colegio y que sirva para generar un escenario urbano donde prime el juego. ¿No pensáis que esto le vendrá genial a los niños para olvidarse del miedo colectivo que impera actualmente en los adultos?

Fuente: Bruzz.be

 

El año pasado iniciamos una serie de reuniones en el cole de nuestros peques para regenerar el patio de los más pequeños. Éste, como otros muchos patios, no han evolucionado al mismo tiempo que lo han hecho las metodologías educativas actuales y la sociedad en general. Pretendía ser un microproyecto colaborativo que comenzara este curso 2020/2021 y que integrara la participación ciudadana, que fomentara la inteligencia colectiva, la creatividad social y que re-generara y re-activara los espacios comunes de los centros educativos.

Surgió con la idea de que el juego es “una herramienta de aprendizaje, en la mayoría de los casos innata. Jugar nos hace ganar seguridad, nos ofrece la posibilidad de crear una imagen positiva de nosotros mismos, una sensación de bienestar… descubrimos qué podemos hacer y hasta dónde podemos llegar”, teniendo presente la premisa de que “jugar no sólo es un derecho, es una necesidad a partir de la cual los niños experimentan, sienten, descubren, expresan y aprenden sin apenas darse cuenta” (Patios dinámicos, 2019). El proyecto nació tanto con el deseo que provoca la inquietud de mejorar y de ofrecer la oportunidad de utilizar el patio como espacio de juego además de darle un papel protagonista para generar un ambiente de convivencia amable y equilibrado. Se pretendía también dotarlo de la cualidad inclusiva, entendiendo como inclusión el “compartir, participar, pertenecer, respetar, comprender, …” (Patios dinámicos, 2019).

Como en todos nuestros talleres, se quería implicar a los niños con el mundo que les rodea, con la ciudad que pisan y juegan, despertando su interés por la arquitectura y el urbanismo sostenible. Y por qué no empezar con sus patios, con su entorno más cercano. Esto se acentúa si además tenemos en cuenta que el patio, que debería ser el punto por excelencia de los encuentros, divertido, foco de la diversidad, educativo y saludable, en general, no es valorado con la importancia que debería tener. Lo que se traduce en su estatismo físico durante décadas: no han disfrutado de ninguna remodelación y siguen teniendo el mismo aspecto que hace años. Por ser “un elemento desligado del currículo, habitualmente se relega su función educadora y pedagógica y se ven mermadas sus funciones y su disfrute” (Basurama, 2015). Aun así, aunque sean espacios baldíos y varados en el tiempo, los niños nos enseñan cómo usarlos de la forma más creativa e imaginativa posible. Si tomamos conciencia de que hay mucho conocimiento que no surge propiamente en el interior de las aulas, sino que muchas veces es un trabajo colaborativo, donde podría ser una actividad de hacer más que de pensar, el patio es el lugar perfecto para desarrollar un conocimiento experiencial, colectivo, social y abierto a niños, docentes y familias. “Es necesario un replanteamiento de las prácticas educativas cotidianas sobre los patios y una observación cuidadosa de las dinámicas relacionales entre el alumnado que se producen en los patios para convertirlas en inclusivas desde una vertiente crítica y transformadora. Necesitamos utilizar esta franja horaria con fines educativos” (C.P. Bernardo Gurdiel, 2016).

Todo esto está ligado también a su autonomía. Quizás deberíamos pararnos a pensar por qué actualmente los niños cada vez más realizan sus desplazamientos en coche y menos a pie, sobre todo solos. Una de las razones es, según Tonucci (2016), que les hemos quitado dicha autonomía a los niños, no salen a la calle y las calles, a su vez, son inseguras porque no hay niños en ellas. “Su presencia obliga a los adultos a tener cuidado. Son la seguridad más barata y sencilla”. Si una calle es segura, habrá niños y mayores, “un niño que se mueve con sus progenitores es un hecho privado. Aunque se porten mal los padres, no es fácil intervenir. Un menor que va solo es un hecho público. Por malos que seamos, que lo somos, prácticamente nadie rechaza ayudar a un niño” (Tonucci, 2016). Se volverían a tejer esas redes de confianza gracias a este proyecto facilitando que las familias se conocieran, y donde los comercios locales fueran esos espacios a los que acudir si un niño se sintiera inseguro en el espacio público. Quizás, la pandemia nos ha dado la oportunidad de volver a llenar las calles de ojos que las vigilan y las hacen seguras gracias a la solicitud de muchos centros escolares de la peatonalización de sus entornos. Se podría dotar con estos micro proyectos (de interior de patios conectados con un entorno amable) de espacios seguros para los niños a los recorridos cotidianos (si un espacio es seguro para un niño, casi con toda seguridad lo será para el resto de la sociedad), para devolverles su autonomía fomentando cosas tan básicas como el comercio de barrio y la vida de acera (Jacobs, 1961).

Este año prima la rapidez por el covid19. El proyecto participativo y colaborativo habrá de esperar o de transformarse en una cooperación online, que después podrá materializarse por turnos, con distancias de seguridad y mascarillas al aire libre para generar un patio amable, seguro y lleno de vida. Para obtener un proyecto integral que englobe todo (pavimentos, pilares, entrada y salida, portón, entorno, cerramientos, paredes, huerto urbano, mobiliario, elementos de juego, graffiti realizado este año, etc) y no de mini-actuaciones que vayan parcheando defectos puntuales. Lo primero que habría que hacer es modificar el espacio donde nuestros niños entran. Dadas las características y los medios actuales, se pintó en su día con líneas el espacio destinado a cada clase. Líneas que recuerdan a vagos aparcamientos de vehículos:

Quizás una idea podría ser que cada clase tuviera su propio icono: yo estoy en la flor, ¡y cuando tenga 4 años, estaré en el cohete! ¿Podríamos los padres organizarnos para ayudar al cole? Y hablan los primeros que no tienen tiempo material para nada, pero si somos muchos, el trabajo se minimiza. Podríamos buscar patrocinadores (pintura, vegetación, materiales de construcción,…), buscar subvenciones, aunar nuestras diferentes profesiones para generar un proyecto multidisciplinar, hacer un crowdfounding, juntarnos los fines de semana,… todo un proyecto bottom-up cuando desde arriba es imposible, por medios o por lo que sea, llegar a los de abajo. Y entonces son los de abajo, los propios ciudadanos, los que se ponen a trabajar (innovación colectiva). Ahí lo dejamos…

Fuente: Orientación Andújar

Fuente: Orientación Andújar

Fuente: Barakaldo Digital

Realización de maceteros con pallets reciclados

Fuente: Twitter

 

Este post es tan personal, que lo firmo yo sola, porque voy a ser sincera: me indigna profundamente que no se esté atendiendo a los más pequeños debidamente en toda esta situación de pandemia de ciencia ficción. Me indigna no poder pasear con ellos tranquilamente, me indigna que hayan sido confinados tanto tiempo, que no se hayan tenido en cuenta sus necesidades y sus derechos (a la educación, al juego, a opinar y ser escuchados,…), que todo se abra antes que un parque, una plaza o una escuela, que “los niños se adaptan muy bien”, que “los niños están en la gloria con sus padres”, que “no habrá consecuencias psicológicas” para ellos. ¿Qué niño no ha echado de menos a sus compañeros, o coger su bici y disfrutar pedaleando, o jugar en la calle simplemente,…? Al principio pensaba que aunque abrieran los coles, me daba miedo que se incorporaran, que mejor se quedaban en casa. Han ido pasando los días y teniendo más contactos (laborales y personales) y he comprobado las medidas que entre todos estamos tomando. También he leído mucho sobre los efectos positivos que tiene que los niños socialicen, ya sea en la calle o en la escuela (no sólo los contenidos, es mucho más, es todo lo que significa ir al centro educativo, ya tengas 1 añIto ó 4). Si todo se re-abre y se piensa para hacerlo en condiciones de seguridad, ¿qué pasa con los niños, con su ocio, con el sistema educativo, con el juego como motor de pensamiento y de desarrollo psicomotor? Los educadores andan perdidos, no cuentan con ellos y no saben cómo ni cuándo comenzarán las clases (a todos los niveles, empezando por infantil). ¿No es incongruente que un niño pueda sentarse en un bar y no en su pupitre? Y sí, el pupitre es más complicado, pero qué tal jugar en un parque o, simplemente, andar por la calle.

¿Y en casa, cómo lo llevamos? Como pareja, somos compañeros de relevo. Os cuento: al principio todo fluía. Se pararon los estreses, las carreras diarias por llegar a todos sitios, convivíamos los 4 disminuyendo los dos nuestro horario de trabajo. Disfrutábamos de los peques dentro de nuestra pequeña burbuja, nos conocíamos más los 4 y se agradecía ese pequeño parón. Pero los trabajos se acumulaban y a las 2 semanas del confinamiento, tocaba correr. Y después las fases fueron avanzando, lo cual significaba que teníamos que turnarnos más horas para llegar a las 7-8 diarias de trabajo, echando horas nocturnas. Se acabaron las comidas y cenas los 4 juntos entre semana; nos damos el relevo en la puerta, que nos falta chocarnos la mano, pasarnos las llaves y salir pitando. Esto trae más estrés, más cansancio, más llantos y también rabietas, a veces, desproporcionadas. Pero no os preocupéis, “los niños casi ni lo notan”.

Después pudimos salir 1 hora al día… ¡ay, qué bien! El primer día, la emoción del encierro era tanta, que no pude contener las lágrimas, y eso que el mayor preguntaba por qué no podíamos salir los 4 juntos. ¿Sabéis lo que es ver a tus hijos salir a la calle como si todo fuera nuevo? Saludaban a la gente, se reían, miraban las hojas moverse con el viento,… la gente fue muy respetuosa y los niños,… los niños nos volvieron a dar otra lección. Y todo esto, para mí, fue de agradecer, porque tuve que esforzarme en no transmitirles ningún mensaje alarmista mientras paseábamos por la calle.

Miré la ciudad de una manera muy distinta cuando estaba vacía, sola y esperando ser vivida. Ir hasta la cochera era todo un ejercicio de reflexión, pensaba en cómo los situacionistas de los 60 afirmaban que el entorno condiciona el comportamiento y las emociones de las personas (psicogeografía). “Al fin y al cabo, al pasear no sólo exploramos el paisaje, sino que nos sumergimos en la condición humana y nos miramos a nosotros mismos desde bien adentro” (Deborah García). Miré las calles, las aceras y las plazas con ojos de esperanza y no paraba de idear, de proyectar, de pensar cómo podían ser cuando pudiéramos volver a la normalidad. Para poder pasearlas, transitarlas y habitarlas con sus 2 metros de distancia, con pasos pequeñitos, a paso lento. Y lo hablaba con amigos, arquitectos o no arquitectos, no era difícil, sólo hacía falta colaboración ciudadana e institucional.

Al continuar la desescalada, se han sucedido los grupos de gente por la calle, la apertura de las terrazas y la aglomeración de personas, con lo que es imposible mantener las distancias. Para los peatones, es complicado compaginar paseo y distancia de seguridad en muchas calles simplemente por su geometría (recordemos que las mascarillas no son la medida que hace que se anulen todas las demás: es imprescindible seguir guardando la distancia de seguridad), aquí no me voy a meter. Ahora bien, en calles amplias donde las terrazas han invadido las aceras… uff… Es comprensible que los negocios tienen que abrir en condiciones de seguridad, y para ello se les ha favorecido pudiendo extenderse en la calle. Hemos hablado muchas veces sobre cómo la privatización del espacio público disminuye la calidad de éste, a lo que ahora se suma la inseguridad sanitaria que produce sentarse en un banco público. También hemos comentado otras tantas que los comercios locales son la vida de los barrios, los ojos que vigilan, la vecindad que se crea.

Resumiendo, si se han tomado estas medidas para favorecer la economía y el comercio local, también se deben de tomar medidas para favorecer los paseos que tanto añorábamos. Es decir, se tiene que pensar en todo: si amplío la superficie de las terrazas, he de ampliar también la de los peatones. Y no es que lo diga yo, es que lo dice el Artículo 15.2. 2. del BOE. 9 Mayo 2020. “En el caso de que el establecimiento de hostelería y restauración obtuviera el permiso del Ayuntamiento para incrementar la superficie destinada a la terraza al aire libre, se podrán incrementar el número de mesas previsto en el apartado anterior, respetando, en todo caso, la proporción del cincuenta por ciento entre mesas y superficie disponible y llevando a cabo un incremento proporcional del espacio peatonal en el mismo tramo de la vía pública en el que se ubique la terraza“. Esto no se está cumpliendo.

Os pongo un ejemplo: nuestro paseo del otro día con nuestros peques, que por su edad y su condición, no llevan mascarilla. Bajamos todo el Paseo de la Estación, pasamos por el Banco de España hacia Renfe (cuesta que le encanta a la mayoría de peques) y nos dirigimos hacia el parque del Bulevar siguiendo este itinerario:

Justo antes del cruce de Calle Extremadura, hay dos restaurantes. Uno de ellos estaba cerrado, ¡menos mal! Tuvimos que pasar por entre las mesas (donde la gente, para poder consumir, no llevaba mascarillas) para poder ir hasta el paso de peatones. No echamos foto por respeto, porque no queremos fastidiar a nadie, así que os pongo estos esquemitas que ilustran nuestro paseo:

Hay que encontrar el equilibrio para todos y entre todos. A mí me ilusionan tremendamente imágenes como ésta de París:

Tenemos una oportunidad estupenda para repensar las ciudades. Tenemos una oportunidad estupenda para que sean más amables, accesibles, peatonales… una ciudad para nuestros niños y mayores. Si ellos la pasean bien, todos lo haremos. No es normal que nuestros peques sólo tengan el parque del Bulevar para pasear en condiciones óptimas: sitios abiertos donde poder guardar las distancias de seguridad. Pero, ¿y para llegar hasta allí, qué pasa? Nuestro hijo de 4 años es capaz de mantener la distancia de seguridad, es más, debido a su inocencia, es capaz de alertar a alguien si se acerca a él demasiado (ya sea familiar o desconocido, ya sea porque se ha caído con la bici y van en su ayuda, etc, etc). Se extraña cuando ve a tanta gente sentada en los bares y nos llama mentirosos: “me dijisteis que no nos podíamos juntar tanta gente”. Nos pregunta (ya no tanto, qué pena) que por qué no puede volver al cole con sus amigos, que echa de menos correr en su patio y dibujar en el suelo. ¿No os están enseñando mucho vuestros hijos? Enseñémosles también que somos co-responsables, que si salimos al parque (cuando los abran en la fase 3.502) todos tenemos que estar atentos y todos tenemos que estar socialmente comprometidos por la seguridad de todos. ¿Qué dirían nuestros niños si pudieran manifestarse, si pudieran llevar su voz a las instituciones? (pincha aquí para rellenar nuestra breve encuesta).

 

Hace poco escribíamos esto en nuestras redes sociales, y lo seguimos pensando, reivindicando y pidiendo un consenso ciudadano para tener una ciudad para todos:

▪Los niños no van a jugar a los parques porque son zonas de alto contagio. ¿Qué se ha habilitado para ellos desde que pueden pasear: más zonas de juego, espacios seguros en las aceras, espacios de juego seguros que sean atractivos para ellos,…?

Nuestros menores han estado confinados totalmente 43 días. El primer día que salimos a la calle estaban emocionadísimos. Tanto, que no pudimos contener las lágrimas. La calle era un festival de sensaciones para ellos. No paraban de señalar y de reír…

▪Y, pese a intentar no estresarles con los protocolos e infundirles miedo al contacto, los límites estaban claros. Y se portaron como pequeños campeones. Aunque es difícil…

▪Es complicado andar por aceras estrechas, donde guardar la distancia de seguridad es imposible. Ellos te miran y te dicen, mamá, ¡no podemos seguir jugando a no acercarnos a la gente! Jugaremos a que las zonas rojas son lava…

▪Ver esta noticia es ver cómo las terrazas de los bares, aquellas que ya se adueñaron de nuestras aceras, ahora invaden los parques infantiles, tan vacíos de vida. Tan pacientes como nuestros niños

▪Y a lo mejor, repensar nuestra pequeña #ciudad no es difícil. Caminos seguros (para los más peques no están recomendadas las mascarillas), espacios amplios de juego,… pensar en la infancia, la gran olvidada en esta pandemia

▪Porque, ¿qué es una ciudad vacía de niños? Es tristeza, es inseguridad y para nada, es una ciudad amable. ¿No os pasó que al escuchar niños en las calles vacías los primeros días que podían pasear era como escuchar vida?

Les debemos este #repensarLAciudad #jugarLAcalle, que la hagan suya,… ellos también echan de menos el contacto, el jugar, el aire libre, el correr a velocidad gatuna,…

 

 

Hace unas semanas un cliente nos preguntó si sabíamos algo acerca de la desinfección de locales con todo este tema de la pandemia y la covid19. Como siempre, lo que hicimos fue asesorarnos por compañeros expertos y nos recomendaron artículos científicos, fuera de bulos, de Gemma del Caño (Boticaria. I+D+i, Calidad y Seguridad alimentaria.) y Deborah García (Química y divulgadora). Os recomendamos leer ambos artículos y os dejamos un resumen de ambos, de donde se pueden obtener las siguientes conclusiones sobre ozono y sobre La Luz ultravioleta (como ya sabéis, se siguen haciendo ensayos científicos y los métodos probados van arrojando cada día datos nuevos):

  • El OZONO es un potente oxidante que le da propiedades desinfectantes frente a microorganismos siempre que se utilicen en las dosis apropiadas durante el tiempo necesario. Tiene también la ventaja de su rápida descomposición en oxígeno y dióxido de carbono lo que elimina la posibilidad de los residuos posteriores.
  • Disuelto en agua se utiliza en los tratamientos para el agua potable, en la industria alimentaria para desinfección de útiles en armarios apropiados o para tratamientos de Legionella. Desde el punto de vista ambiental, se utilizan para el control de olores en cámaras frigoríficas, desinfecciones o control microbiológico en ambientes cerrados.
  • El ozono está siendo evaluado por la Unión Europea para ser homologado. En el listado de productos virucidas autorizados en España no está registrado aún. Sin embargo, sí que hay otros productos eficaces para desinfección aérea validados que podrían utilizarse. Evidentemente deben realizar el tratamiento personal profesional.
  • Las máquinas de ozono son efectivas para los usos anteriores pero, hasta el momento, no hay demostrada evidencia frente a este coronavirus.

 

  • Desde un punto de vista químico, tanto el gas ozono como la radiación ultravioleta C pueden inactivar al coronavirus. PERO si te quedas corto, al coronavirus no le haces ni cosquillas, y si te pasas, además de inactivar al coronavirus, te pones tú el peligro, a tus trabajadores, a tus clientes y a tus productos.
  • El problema de los ozonizadores y las lámparas de ultravioleta C es que no se ha hecho un ensayo biocida que determine la dosis necesaria para inactivar al coronavirus. Si esto se hiciese, después habría que considerar los riesgos y así establecer un protocolo de aplicación. Nada de esto existe, así que quienes están vendiendo servicios de desinfección con ozono o con ultravioleta lo están haciendo a ciegas, sin conocer ni los riesgos ni la eficacia de esos métodos.
  • Para desinfectar un laboratorio con ozono, primero hay que desalojar. Y después de ozonizar durante horas, un profesional debe entrar con un equipo de protección individual (EPI) y un dispositivo para medir si la cantidad de ozono residual que ha quedado en el ambiente es segura. Así que no se puede usar gas ozono en presencia de personas. El ozono está clasificado como «sustancia peligrosa» por la OSHA, es decir, por las autoridades sanitarias en materia de seguridad.
  • Los principales riesgos para la salud de su manipulación son: el ozono es tóxico por inhalación, irrita las vías respiratorias pudiendo llegar a causar edema pulmonar en exposición crónica; en contacto con los ojos y la piel puede causar quemaduras graves; podría causar mutaciones y daños reproductivos.
  • Una forma gráfica de explicar lo peligroso que es: usar un ozonizador profesional en un establecimiento es lo más parecido a tener un rociador de lejía pura.

Imagen: El diario montañés

 

 

En estos tiempos de pandemia y calor, ha llegado el turno de las compras de piscinas hinchables, cuya venta se está disparando. Y también nos llegan noticias de derrumbamiento de forjados que, casualmente, estaban soportando el peso de una piscina.

Esto no es nuevo, lleva pasando décadas, pero claro, ahora que estamos recluidos en casa y que el número de ventas está aumentando, hay que prevenir. Incluso desde nuestra vivienda estamos comprobando cómo vecinos que no las habían puesto antes, las están comprando y poniendo. Algunas de proporciones desorbitadas para estar encima de un forjado, no sobre terreno. Por ejemplo, desde nuestra vivienda vemos cómo muchos vecinos que tienen un patio hermoso y que algunos no habían utilizado hasta ahora (envidia que nos da desde nuestro mini balconcito, todo sea dicho), están colocando estas piscinas. Muchos de ellos son un primer piso, por lo que no están sobre terreno, sino encima de bajos comerciales. Y es que, tener un patio, nos da una falsa seguridad de creernos sobre terreno, sin reparar en que debajo hay personas trabajando cuya cabeza peligra (simplemente con una altura de 50 cm de agua, el peso llega a ser de unos 500 kg/m2… ¿y quién las llena sólo 50cm?). Piscinas, spas y demás elementos parecidos, deben estar colocados sobre terreno, sobre losas o soleras, que sí tienen capacidad de reparto de cargas y no tiene peligro por no disponer de viviendas, garajes, etc, inmediatamente debajo. Normalmente, la estructura de un edificio, no se calcula pensando en que alguien pueda poner una piscina hinchable, por lo que habría que reforzar estructuralmente el edificio. Para que se entienda: si pongo una piscina en un ático, afecta a los elementos horizontales (vigas, viguetas y demás elementos perimetrales), que descargan sobre pilares verticales o muros de carga, desde plantas superiores a inferiores, así hasta llegar a cimentación (por eso, veis que los pilares de plantas inferiores suelen ser de mayores dimensiones que los de plantas superiores, ya que absorben las cargas de todo el edificio).

En esta noticia reciente dice que, “por causas desconocidas, la terraza cedió y se desplomó sobre el garaje que hay debajo, quedando el hombre y la mujer atrapados entre los escombros”. NO, por causas desconocidas no. La sobrecarga que le estamos metiendo al forjado es brutal (que estos días las hemos visto también en terracillas, muchas de ellas sobre voladizos ). Consulten con un técnico antes de ponerlas. Y si no consultan con un técnico, directamente, NO LAS PONGAN.

Pueden googlear y ver las consecuencias desastrosas que muchas veces han tenido estas ideas felices, (por ejemplo, esta noticia, ésta u otra ésta). Y esta imagen, que aunque es de 2017, es para nota:

 

 

El pasado año, María Toro Martínez y el psicólogo Juanjo Imbernon Barbudo, escribieron un trabajo que relacionaba Gestalt y Urbanismo. Un trabajo que hablaba de que nuestra actitud en la ciudad (desde cómo nos movemos, cómo nos relacionamos en el paseo, en una plaza, etc, hasta si somos más o menos ciudadanos productivos) podría estar muy en contacto con los principios básicos de la Gestalt (el todo, el contacto, la responsabilidad y el darse cuenta). Es un trabajo extenso, por lo que lo vamos a dividir en varios post, siendo éste el de la introducción y la conclusión al mismo tiempo.

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Gestalt y urbanismo

Pensar en lo que tienen que ver estas dos disciplinas, puede parecer extraño a priori. Sin embargo, la Gestalt, como corriente humanista que se aproxima al ser humano desde todos sus ámbitos viéndolo como un todo, está íntimamente relacionada con la ciudad. En este trabajo, se pretende enlazar algunos conceptos relevantes en Gestalt con el lugar donde se desarrolla gran parte de nuestra vida: la calle/ciudad. A la vez, invitamos a reflexionar sobre nuestro papel en ella.

Según Fritz Perls, “el hombre moderno vive en un estado de vitalidad mediocre. Aunque por lo general no sufre hondamente, sabe poco acerca de lo que es vivir en forma verdaderamente creativa. En lugar de ello, se ha convertido en un autómata angustiado. Está escrito desde el credo que la humanidad puede llevar una vida más plena y rica que como la mayoría vivimos en la actualidad”. Él tenía la absoluta convicción de que el hombre aún no ha comenzado a descubrir el potencial de energía y entusiasmo que existe en él. Esto es vital de cara a nuestra actitud frente a la vida y también en relación a la ciudad, para darnos cuenta de todo lo que podemos aportar y mejorar en nuestras ciudades desde nuestro conocimiento local, cercano y experiencia.

De acuerdo con Dewey (2003), el objetivo final de las instituciones que hemos creado como sociedad es el de apoyar el desarrollo del individuo. Se trata de pensar la sociedad como una estructura humanocéntrica. Desde este punto de vista, deberíamos construir un entorno que apoye, en la medida que pueda, el desarrollo humano y la calidad de vida recuperando “el protagonismo del espacio público, hoy olvidado, como el lugar de convivencia que ha permitido a la humanidad desarrollarse con plenitud“ (Freire, 2011), para lo que será fundamental regenerar la diversidad de las ciudades a través del modelo de ciudad histórica (compacta, diversa, con mezcla de usos, etc), facilitar la creatividad colectiva y la resolución de problemas de forma colectiva e innovadora, así como facilitar la movilidad para incrementar los encuentros inesperados que fomenten el contacto, los paseos conscientes, la presencia de niños en la calle, los comercios de barrio y los ojos en las calles.

 

>> (I) EL TODO ES MÁS QUE LA SUMA DE LAS PARTES

>> (II) EL CONTACTO

>> (III) LA RESPONSABILIDAD

>> (IV) DARSE CUENTA, AQUÍ Y AHORA

“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”, Eduardo Galeano

 
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Espejo, R. (2016). Desarrollo humano y participación comunitaria. Algunas reflexiones desde el enfoque gestáltico de Paul Goodman. Revista latinoamericana (23), 1-17.

Holston, J. (2008).La ciudad modernista y la muerte de la calle. Antípoda (7), 257-292.

Jacobs, J., & Abad, Á. (1973). Muerte y vida de las grandes ciudades. Madrid: península.

Martín, A. (2013). Manual práctico de psicoterapia Gestalt. Madrid: Desclée De Brouwer.

Perls, F. (1976). El enfoque Gestalt y Testigos de Terapia. Madrid: Cuatro vientos.

Tonucci, F. (2015). La ciudad de los niños. Grao.

http://arzucomunicacion.lunaazul.org/2016/09/05/teorias-de-la-gestalt/

https://www.ballenablanca.es/jacobs-o-el-elogio-de-la-acera/

https://elblogdefarina.blogspot.com/2009/02/jane-jacobs-destellos-de-sostenibilidad.html

https://www.eldesconcierto.cl/2019/10/30/fotos-estudiantes-de-arquitectura-protestan-dibujando-con-tiza-costosos-departamentos-de-17m%c2%b2-en-plaza-italia/

https://elpais.com/elpais/2016/08/17/eps/1471385101_147138.html

https://www.elsaltodiario.com/especulacion/isabel-martin-eva-morales-ciudad-sostenible-existe-centro-urbanismo-gentrificacion

http://juanfreire.com/algunas-ideas-para-la-recuperacin-del-espacio-pblico/

https://www.instagram.com/p/BmQYzKOAuLg/?igshid=uan1b2dbyi3w

https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/927145/como-la-arquitectura-puede-combatir-la-ansiedad?fbclid=IwAR17JZMbBMN_7mmiBU3rdf5OazV0cTxEXR-QS3Vuq4DX3mHh2L_DsYm7Zh8

https://revistailustres.com/r2/2018/07/05/el-diseno-arquitectonico-y-las-leyes-de-la-gestalt/

http://www.stepienybarno.es/blog/2015/01/07/colectivos-de-arquitectura-y-gestalt/

http://www.stepienybarno.es/blog/2014/12/16/las-tres-arquitecturas-arquitectura-de-la-razon-arquitectura-de-la-emocion-y-arquitectura-de-la-accion/

https://www.traveler.es/viajeros/articulos/mapas-olores-ciudad-smellmaps/11780?fbclid=IwAR3cKqo_ABBztN2SN1IC9_ts-HrPJXtsNui7im4ImK_7rinkXguOqaPYZBU

https://twitter.com/vcabellov/status/1187431748067561477

https://www.univision.com/noticias/citylab-arquitectura/diez-frases-de-jane-jacobs-para-amar-a-nuestras-ciudades

https://veredes.es/blog/maushaus-jorge-raedo-·-publicacionrevistaeducacion-amag-revista-de-arquitectura-para-ninos/

https://www.yaencontre.com/noticias/casas/una-arquitectura-conectada-las-emociones/

 

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El todo es más que la suma de las partes

El concepto de Gestalt fue desarrollado originalmente por un grupo de psicólogos alemanes que trabajaban en la percepción. Ellos demostraron que el hombre no percibe las cosas como entidades sin relación y aisladas, sino que las organiza mediante el proceso perceptivo, en totalidades significativas o figuras globales que constituyen algo mayor que la mera suma de esas entidades.Como consecuencia, la Gestalt propone contemplar al ser humano tal cual es, como un todo, un entero, y examinar su comportamiento tal cual se manifiesta en el nivel aparente de la actividad física y en el nivel inaparente de la actividad mental. En resumen, la premisa básica de la psicología de la Gestalt es que la naturaleza humana se organiza en formas o totalidades y es vivenciada por el individuo en estos términos. Por ello, se aboga por una visión holística de la vida y por intentar conseguir una integración del mundo cerebral, emocional y conductual.

Llevándonos esta máxima de que “el todo es más que la suma de sus partes” al terreno de la ciudad, a sus calles y edificios, parece lógico pensar que las ciudades tienen una entidad propia que es mucho más que la suma de sus vacíos (calles y plazas) y sus llenos (edificios) practicados por ciudadanos. No es sólo arquitectura, son infinitas disciplinas las que componen la ciudad y las que hacen falta para diseñarla, mejorarla y protegerla. Es más, cada parte se interrelaciona con las demás como piezas de un puzzle que encajan, se superponen y conviven para conformar algo únicoy característico (especialmente en los centros históricos). Sin embargo, en el panorama actual las ciudades están perdiendo su identidad: “La ciudad es hoy en día un rompecabezas inconexo que se produce por fragmentos y a saltos tantas veces impredecibles, con un sentido de comunidad decreciente” (Freire, 2011). ¿Qué está ocurriendo con las ciudades?, ¿hacia dónde vamos? “Cada ciudad, permíteme que te diga, tiene su propio olor”, escribía E.M. Forster en ‘Una habitación con vistas’. ¿Sigue siendo esto verdad o las ciudades cada vez huelen más igual? Uno de los aspectos más negativos de la globalización es la homogeneización que, por supuesto, también afecta a las ciudades. Se quieren bares con la misma imagen, barrios históricos que presenten un mismo escenario tematizado y turistificado, etc, etc. Una de las consecuencias derivada de estas prácticas es la pérdida de identidad de las ciudades, del desvanecimiento de su historia, cuando su riqueza está en percibirlas tal como son, identificarlas y disfrutar de las cualidades de cada una de ellas: el frío del norte, la calidez del sur, la silla en la puerta de la casa,…

Jacobs (1961) se preguntaba qué es lo primero al pensar en una ciudad: sus calles. En todas, no sólo unas pocas. No podemos quedarnos con la experiencia de unas cuantas, sino con la suma de la red urbana. Si hago esto, si me quedo, por ejemplo, con que “en Jaén no hay na‘”, estoy negando la parte viva, patrimonial y creativa que sí ofrece posibilidades a la ciudadanía. “Cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés; cuando presentan un aspecto triste, toda la ciudad parece triste. Cuando la gente dice que una ciudad o parte de la misma es peligrosa o que es una jungla, quiere decir principalmente que no se siente segura en sus aceras”. Hay una clara diferencia en cómo nuestros niños se relacionan ahora con la calle: antes solíamos jugar solos en la calle, ir solos al colegio, que no era tanto ir solos sino acompañados por otros padres que iban en el camino al cole, por los ojos de la panadera de la esquina, del frutero que todos conocían. Podíamos jugar en la plaza con los demás niños hasta que alguna madre nos llamaba desde la ventana. Ahora esto es impensable, inseguro. Según Tonucci (2016) les hemos quitado autonomía a los niños (“muchos de los males actuales de la juventud se deben a que los niños salen del cascarón tarde, con demasiadas ganas de vivir todo aquello que no han podido hacer bajo la tutela de las personas adultas”) y las calles son inseguras porque no hay niños en ellas (“Su presencia obliga a los adultos a tener cuidado. Son la seguridad más barata y sencilla”). Si una calle es segura, habrá niños y mayores, “un niño que se mueve con sus progenitores es un hecho privado. Aunque se porten mal los padres, no es fácil intervenir. Un menor que va solo es un hecho público. Por malos que seamos, prácticamente nadie rechaza ayudar a un niño” (Tonucci, 2016). “Si una ciudad es adecuada para la vida cotidiana de los niños quiere decir que es una ciudad segura, con poco tráfico, escasa delincuencia, con redes sociales estables en los barrios que cuidan colectivamente de sus niños” (Raedó, J.).

 

Juanjo Imbernon Barbudo, Psicólogo

María Toro Martínez, Arquitecta

 

El contacto

Todo esto nos lleva a un concepto fundamental en Gestalt: el contacto. A través del contacto cada ser humano tiene la posibilidad de encontrarse en forma nutricia con el mundo exterior, realizando una incorporación o intercambio de alimentos, afectos, etc. Como dijo Perls (1976): “el contacto empieza a funcionar cuando se encuentra el sí mismo con lo que le es ajeno”.

Una de las características del neurótico es que no puede establecer un buen contacto ni organizar su retiro de él. Su ritmo contacto-retiro está descompuesto. El contacto y el retiro, en su forma rítmica, son nuestros medios de satisfacer nuestras necesidades, de continuar los procesos siempre en transcurso que constituyen la vida misma. Este “conectarse con” y “retirarse del” ambiente, esta aceptación y rechazo del ambiente, son las funciones más importantes de la personalidad integral. Todas las perturbaciones neuróticas surgen de la incapacidad del individuo de encontrar y mantener el equilibrio adecuado entre sí mismo y el resto del mundo (Perls, 1976).

Pensemos ahora en nuestras ciudades, pueblos y barrios. Los centros históricos, cada vez más preparados para ser escenarios para el turista y especializados en albergar usos administrativos, con unos horarios de vida durante el día que lo dejan muerto durante la noche. Si una ciudad dormitorio no tiene servicios suficientes como espacios para los niños, tiendas donde comprar lo básico, equipamiento sanitario, etc, se convierten en calles fantasma por las que sólo circulan vehículos. No hay contacto, ni con nuestro entorno, ni con otros ciudadanos. Y como se sostiene desde la Gestalt, el contacto es una de las principales necesidades psicológicas del ser humano. La persona que puede vivir en un contacto significativo con su sociedad, sin ser absorbido enteramente por ella y sin retirarse completamente de ella, es la persona bien integrada. El fin de la psicoterapia es que las personas sean capaces de alcanzar este estado. Por lo tanto, si construimos o fomentamos espacios fríos, mecanizados, sin vida… si construimos un entorno que evite el contacto en lugar de propiciarlo, promovemos la individualidad, la soledad, la falta de confianza y seguridad tanto en la propia calle como en las demás personas.

Probablemente, los límites de la exposición sean uno de los principales obstáculos con los que nos encontramos en la calle para actuar en consonancia con nuestras necesidades (de contacto). Es el temor de ser mirado, observado, reconocido. Es el temor a ser etiquetado, a llamar la atención, a hacer el ridículo. Está íntimamente unido al juicio negativo que los demás hagan de nosotros. El estar viviendo de acuerdo a lo que llamamos “de cara a la galería” consume una gran cantidad de energía y, a la larga, nos crea confusión y alejamiento de nosotros mismos. Nuestra identidad y personalidad se pueden ver afectadas profundamente, y toda nuestra persona sufre con esta actitud de aparentar lo que no es.

Pero como dijimos antes, no sólo el contacto es imprescindible, también la retirada. El ritmo contacto-retirada es necesario para el buen funcionamiento del organismo, y la ciudad es un escenario perfecto para practicar y nutrirnos de ese conectarse y desconectarse que tanto necesitamos. Es una fuente inagotable (de momento) de: yo te toco, te hablo, te escucho, te sonrío, te conozco, te quiero, y también me desconecto y estoy solo. En el proceso normal de crecimiento aprendemos por ensayo y error, poniendo a prueba nuestra vida y nuestro mundo, tan libre e ininterrumpidamente como sea posible, y esos espacios que compartimos con otras personas son el laboratorio perfecto para ensayar y errar, y por tanto, crecer.

Como señala Ángeles Martín en su libro “Manual práctico de psicoterapia gestalt”, la persona finaliza el contacto por varias razones: porque ha quedado satisfecho con el intercambio realizado, porque vive la vida de forma apresurada y pasa de una cosa a otra sin haber concluido la situación anterior o cuando, en su fantasía, imagina que una amenaza se aproxima. Tristemente, el primero de los tres es el menos frecuente de todos en lo que se refiere a los intercambios humanos que tienen lugar en la calle. Otras formas de interrumpir el contacto serían: Clavando la mirada rigidizándola, no mirando (solemos pensar que si no miramos a los demás, los demás tampoco nos miran a nosotros) o mirando sin ver (actitud bastante extendida). La mayoría de las veces no recordamos las características de los lugares que visitamos, circulando por el mundo mirando sin ver.

La calle puede ser un gran laboratorio urbano y social para entender y ser conscientes de cómo somos, desde dónde hacemos las cosas y cómo nos movemos a diario. Ésta es entendida básicamente como una formación lineal y constituye el elemento de transición entre espacios privados y públicos. A día de hoy, la mayoría de nuestros trayectos los realizamos en coche, los contactos cotidianos en las aceras disminuyen, las tiendas de barrio son unas supervivientes, los centros comerciales aumentan su número y los habitantes de los núcleos tradicionales son expulsados de sus barrios bien por olvido institucional bien por convertirse en barrios de moda en los que son incapaces de vivir. Si perdemos estos espacios de transición, lo privado y lo público quedarán cada vez más alejados entre sí.

En este proceso de distanciamiento y aislamiento que nos produce el miedo, la rutina, el estrés y la desconfianza perdemos las oportunidades que la calle nos brinda para desarrollarnos como seres humanos a través de su diversidad, impredecibilidad, espontaneidad y caos. La Gestalt nos dice que seamos capaces de disfrutar del caos, de la casa revuelta,… eso quiere decir que hay vida, que hay gente usando esa casa. Jacobs (1961) abogaba por el caos que es inherente a un lugar donde cohabitan millones de personas. Ella era una decidida partidaria de un proyecto de ciudad y una filosofía de la planificación urbana que no dieran la espalda a la vida y el desorden que necesariamente ésta conlleva. Cuanto más planifico y ordeno un espacio público, menos vida y diversidad dejo que exista. Por ejemplo, el espacio público privatizado mediante las terrazas de los bares y despojado de bancos y espacios para estar sin hacer gasto, determina el tipo de consumidor (no ya usuario), los horarios en los que hay ojos en la calle y discrimina a las clases con menos poder adquisitivo. “Hay que proteger la vivacidad: un gran exceso de control genera ciudades más funcionales, más secas, menos creativas”, Mary Rowe. En la misma línea, Tonucci defiende que en “la ciudad histórica, alrededor del mercado, el símbolo del encuentro, había ricos y pobres […] Eso enriquecía la ciudad. La llegada de la gente del campo para trabajar en la industria fomentó la periferia y la desertización de los centros históricos, que compraron los bancos y el comercio. Tras la Segunda Guerra Mundial, las ciudades se diseñaron para hombres adultos y con trabajo. Se pensaba que si eran buenas para el jefe de la familia, lo serían también para sus mujeres y los hijos”. Crear un lugar específico para ellos (como los parques especializados) es una forma de segregarlos, de excluirlos.

El ideal de una comunidad democrática es crear una sociedad con las mismas características, una comunidad en la cual, a medida que sus necesidades lo determinen, cada miembro participe en beneficio de todos. Tal sociedad se desvela por su contacto con sus miembros; y el límite entre el individuo y el grupo está claramente delineado y es claramente sentido. El individuo no está al servicio del grupo, ni el grupo está al servicio de algún individuo. El principio de homeostasis, de autorregulación, gobierna dicha sociedad.

Fotografía tomada por Jose Jurado en Villanueva del Duque (Córdoba) en verano de 2011

Juanjo Imbernon Barbudo, Psicólogo

María Toro Martínez, Arquitecta

 

 

La responsabilidad

La terapia Gestalt permite a la persona transitar lo que le es difícil para aprender a hacerse cargo de sí misma. Funciona como un laboratorio de empoderamiento, en el cual aprendemos a sostener la propia responsabilidad desde un mínimo de bienestar, no desde la angustia. La responsabilidad es la capacidad de responder por nosotros mismos. Y no se trata de una obligación, si no de subrayar una obviedad. Como dice Claudio Naranjo en La vieja y novísima Gestalt: “La responsabilidad no es un deber sino un hecho inevitable. Somos los actores responsables de cualquier cosa que hagamos. Nuestra única alternativa es reconocer tal responsabilidad o negarla. Y percatarse de la verdad, nos cura de nuestras mentiras.”

Fritz Perls, padre de la Gestalt entendía que ser responsable significa tomar las riendas de mis propias acciones y aceptar mis sentimientos. Ser responsable no significa decirnos a nosotros mismos cómo “deberíamos” actuar o sentir, sino asumir nuestro propio poder de decisión en cada elección, aceptando también las consecuencias de éstas. Yo respondo por mí es la esencia de la responsabilidad. En los planteamientos de la Gestalt, las especulaciones y los razonamientos pasan a un segundo plano y lo que prima es la intuición, lo obvio, “ya que lo importante es el cómo y no se da demasiado juego a los porqués y las interpretaciones”.

Desde la Terapia Gestalt se hace mucho hincapié en que el paciente se haga responsable, de hecho, es uno de los principios básicos de esta terapia junto con el Darse Cuenta y el Aquí y Ahora. En terapia se le señala al paciente que se reapropie de lo suyo y de esa manera pueda hacer algo distinto de lo que viene haciendo hasta el momento. Y con este mismo objetivo lo incluimos aquí, con la esperanza de que los ciudadanos nos empoderemos, nos reapropiemos de nuestra responsabilidad para con nuestro entorno físico y social y podamos hacer algo distinto: darnos cuenta (analizar el entorno), responsabilizarnos (derechos y responsabilidades urbanas) y actuar apropiándonos del espacio y proponiendo soluciones desde la experiencia y no tanto desde el conocimiento técnico.

¿Podemos responsabilizarnos de ser ciudadanos proactivos, de nuestro papel en la ciudad, de tomar conciencia de que somos capaces de mejorar nuestras calles? “Las aceras y quienes las usan no son beneficiarios pasivos de la seguridad o víctimas indefensas de un peligro. Las aceras, sus usos adyacentes y sus usuarios son partícipes activos […]”. La ciudad (construida por ciudadanos durante siglos) determina nuestra actitud, sensibilidad y emoción al pasar por un sitio determinado u otro; nuestra manera de sentir el día a día es distinta si se reside en un barrio con lazos de vecindad y confianza tejida a lo largo del tiempo a través de pequeños contactos cotidianos, a un barrio dormitorio carente de tiendas de barrio, colegios, equipamientos públicos, etc. Entendiéndonos como actores y no como meros espectadores, proponemos retomar nuestra capacidad de actuar sobre lo que nos rodea a través del darse cuenta, de nuestra presencia o nuestra forma estar en la calle.

#verdEA @estudioatope, imagen realizada por Inma Martínez

 

Juanjo Imbernon Barbudo, Psicólogo

María Toro Martínez, Arquitecta

 

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