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Desde la finalización de nuestros respectivos máster en 2011, hemos estado formándonos en metodologías participativas, donde hemos aprendido técnicas que favorecen los procesos participativos en urbanismo y una planificación más horizontal. (>> LEER PARTE I <<)

Una de ellas, la aprendimos hace muy poco en el fantástico Festival UrbanBAT (Bilbao, noviembre de 2017), donde participamos y sobre todo, aprendimos y establecimos redes de contacto llenas de otras perspectivas, de cambio y energía positiva. Os la vamos a contar haciendo otro paralelismo con el artículo de Yorokobu:

Khandu es un juego de cartas dirigido a niños de entre 6 y 12 años, que desarrolla la capacidad para la resolución de problemas mediante el design thinking. «Se trata de empoderar a los niños y hacer hincapié en conceptos como la comunidad y el trabajo en equipo. De llevarlos de lo descriptivo a lo narrativo, de lo predecible a lo inesperado, fomentar su pensamiento crítico y visual y conectarle con el mundo real que les rodean mediante la exploración de problemáticas y los retos del día a día», explica Norberto Chio. Se basa en una baraja de 4 cartas: Retos, Herramientas, Khandus (los protagonistas de cada acción) y las Acciones (píldoras creativas). Se trata de escoger un reto y las mejores herramientas para resolverlo, pensando en otras personas, explorando su entorno cercano y los límites de su creatividad, generando así soluciones adaptadas y brillantes.

#UrbanBAT17 giró entorno a ESTRATEGIAS PARA FRENAR LA EXPULSIÓN DE LOS HABITANTES DEL CENTRO DE LAS CIUDADES. Cada uno de los que habíamos sido seleccionados, expuso el primer día a través de micropresentaciones su proyecto en BilboRock (Antigua iglesia del s. XVII reconvertida en centro cultural con sala de conciertos, cine y salas de talleres). Al día siguiente, nos reunimos en el Museo de las Reproducciones, un espacio más íntimo para abordar los problemas ante los que nos enfrentábamos en nuestros respectivos proyectos.

Nosotros expusimos cómo en el proyecto de urbanismo participativo que estamos desarrollando en Martos (Recuperación de espacios para la ciudadanía), nos preocupaba que una vez terminado el diagnóstico participado, donde habíamos propuesto y realizado varias acciones urbanas que le dieran contenido a las calles antes de su regeneración y fomentasen la cohesión vecinal (tan complicada en la zona) y la apropiación del espacio público, todo terminase allí. ¿Cómo continuarlo una vez ejecutado el proyecto?, ¿cómo hacer que las concejalías siguieran colaborando en un tema urbano que las tenía que entretejer (urbanismo, participación ciudadana, bienestar social, patrimonio y turismo, desarrollo, etc).
A través de una serie de rondas, el resto de los compañeros nos fueron aportando ideas sobre lo que habíamos expuesto a partir de 6 bloques, que en forma de hexágono, se conectaban a través de sus aristas para formar un mapa mental que nos diera soluciones compartidas a nuestro problema de partida. Los bloques eran:

Para seguir enlazando el design thinking con la educación y el urbanismo, en este otro artículo sobre La importancia del juego como estímulo del pensamiento creativo de Tierra en las manos, explica cómo lo interesante o útil sobre qué deben aprender los niños, es “poder usar lo que tenemos a nuestro alcance (la propia información y conocimiento, los materiales,…) para crear nuevos escenarios, para resolver situaciones imprevistas o novedosas”. El juego es una poderosa herramienta de aprendizaje para favorecer el pensamiento creativo. Al igual que las dinámicas de roles y técnicas de creatividad social (consultar las técnicas que realizamos en Martos y el artículo sobre la importancia del pósito), ya que son instrumentos que pueden favorecer el pensamiento crítico y el análisis del entorno desde una perspectiva totalmente diferente: abierta y sin prejuicios. De esta forma, estas técnicas ofrecen “un marco excelente para poder crear y revolver problemas, para poder ejercitar ese pensamiento creativo y resolutivo de circunstancias novedosas”.

Andar desde lo inaprendido, desde lo desconocido, para explorar nuevos caminos.

 

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Este artículo de Yorokobu sobre el design thinking en la educación, comienza explicando cómo el aprendizaje se ha aferrado tradicionalmente a la memorización aprovechando que “los niños son como esponjas”. “El alumno se limitaba a atender al profesor y al llegar a casa debía empollar lo visto en clase. Una forma de entender la enseñanza que aún sigue causando estragos en el sistema educativo“. Algunos esfuerzos para mitigarlos provienen directamente del entorno del diseño. Es el caso del design thinking […] Como explica Miguel Luengo, presidente de la asociación Design For Change España, implantar un método de este tipo supone que el profesor ya «no es el poseedor del conocimiento sino el facilitador».

¿Cómo se puede traducir esto al urbanismo? El design thinking se ha ido introduciendo también en esta disciplina. Sí, una rama técnica y que tradicionalmente ha parecido rígida y formal. Y es que según Ayah Bdeir, de LittelBits, puede emplearse para la resolución de problemas de cualquier materia: «el pensamiento de diseño es una evolución del método de ingeniería y éste a su vez lo es del ciclo de la invención». El design thinking se incorpora en los procesos urbanísticos de forma generalizada a partir de la crisis socioeconómica vivida. En España han surgido colectivos de arquitectos que abogan por un urbanismo participativo que dé voz a los usuarios y vecinos de nuestras ciudades. Barrios y calles han visto cómo a través de metodologías de participación, se formaban ciudadanos empoderados que eran capaces de participar en el diseño y gestión de los espacios públicos (calles y plazas, mercados y edificios de carácter público, etc.).

#educAcción ATP 2

#educAcción #Martos (noviembre’17)

En el reportaje antes mencionado de Yorokobu, exponen cómo el cambio educativo “pasa por dar más protagonismo a niños y jóvenes, aplicando para ello los pasos de la metodología del pensamiento de diseño en la resolución de problemas. Estos son cuatro, denominados Siente, Imagina, Haz y Comparte. En él, los adultos facilitan el proceso y los niños lo protagonizan y lo lideran»”
Durante años se ha dejado la gestión de nuestras ciudades en manos de técnicos y políticos, que poseen los saberes científicos y los administrativos, burocráticos y económicos, respectivamente. Este tipo de desarrollo urbanístico, apuesta por incluir más disciplinas para tener en cuenta los distintos aspectos y dimensiones que hacen a una ciudad o municipio ser quienes son (la social, antropológica, cultural, medioambiental, económica, arquitectónica, urbanística, etc) y sobre todo, para que los técnicos sean los facilitadores del proceso y los ciudadanos sean los verdaderos protagonistas.
El urbanismo participativo quiere fomentar una planificación transversal para #hacerCiudad donde se recojan las necesidades, demandas y deseos de los ciudadanos que transitan, viven, sufren y disfrutan los espacios públicos, comunes y comunitarios. Para esto, es imprescindible que los procesos tradicionales verticales de arriba hacia abajo, dejen paso a procesos más horizontales de abajo hacia arriba que cuenten con varias disciplinas (multidisciplinares) y con los ciudadanos. Sea el escalón de la participación que sea: desde la más sencilla, que es la información, hasta la más compleja, que puede ser la autogestión.

¿Y qué significa ser un arquitecto o un urbanista facilitador? “El urbanismo tradicional (la mayoría de los casos, ya que hay excepciones maravillosas), fue el que proyectó una ciudad sin pasión, como resultado de los excesos de la burbuja inmobiliaria, de su tratamiento hacia la ciudad como mero objeto de consumo y de la complicidad del urbanismo, «que ofreció la complicidad técnica necesaria para que ese proceso tuviera lugar mientras llevaba al extremo sus preceptos higienistas: la desenfrenada normativización aplicada a edificios y espacios públicos terminó por expulsar a la ciudad de la propia ciudad» (PaisajeTransversal, 2017). Como decía Jacobs (1961), es imprescindible observar «con las mínimas expectativas posibles las escenas más cotidianas, los acontecimientos más corrientes; intentando ver qué significan y si entre ellos afloran las hebras de un principio», y esto no puede hacerse desde las oficinas de urbanistas y políticos” (Toro, 2018).
El técnico facilitador tiene la tarea de ser un actor imparcial que aporte sus conocimientos técnicos y garantice la comunicación entre actores sociales, institucionales y técnicos, sin ser «un elemento que permita apaciguar los conflictos urbanos en aras de los intereses de un grupo de presión concreto, sino de un equipo que sea capaz de canalizar las energías en la construcción colectiva de un proyecto común de ciudad desde una perspectiva integral» (PaisajeTransversal, 2017). Henry Sanoff (2000, p.38) define la facilitación como un medio que permite unir a personas con objetivos comunes, ofreciéndoles herramientas de trabajo que les ayuden a determinar colectivamente sus deseos y les ayuden a materializarlos en la planificación del territorio. Una de estas herramientas, puede ser el design thinking” (Toro, 2018).

>> LEER PARTE (II) <<

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#crEAsanAndrés #rEAvivaJaén (junio’13)

 

 

Hace unas semanas me sorprendía la imagen de uno de mis recorridos diarios en Madrid en este artículo. Para ir hasta la parada de autobús que me llevaba hasta el IPCE, el itinerario -solamente en la calle que aparece en la imagen- se alejaba de mi destino final y además pasaba por 3 semáforos con sus interminables esperas a primera hora de la mañana; así que con las prisas, una se aventuraba a inventar una diagonal sobre la calzada (flecha verde) y llegar de forma mucho más directa a la parada (sobre todo, si se veía el autobús a lo lejos).

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En el artículo se describe esta diagonal imaginaria como una línea del deseo. Unas líneas que existen en todas nuestras ciudades, y que se rebelan en lo urbano como actos de microanarquismo o de desobediencia civil debido a que el recorrido que se nos impone a veces “choca con el sentido común”.

Estas líneas del deseo trazadas por los viandantes pueden ser herramientas muy útiles para instituciones y diseñadores urbanos si se saben apreciar, si se quieren leer y tener en cuenta. Un ejemplo local lo encontramos en Granada, en mi barrio Plaza de toros. Desde que empecé a estudiar, si quería subir al Campus Universitario de Cartuja, debía hacer el recorrido magenta para cumplir con las normas de educación vial (y asegurarme así que no iba a ser atropellada). Como este recorrido aumentaba mis pasos, al final terminaba -como muchos otros peatones- cruzando por un hueco que poco a poco había sido abierto por los ciudadanos entre las vallas que impedían atajar por el recorrido verde. El año pasado, el ayuntamiento (no sé si instado por la asociación de vecinos) consintió adaptar el diseño de esta calle al comportamiento ciudadano instalando un semáforo en este punto, evitando así posibles accidentes y atendiendo a esa línea del deseo que se dibujaba en este trazado desde hacía años. Ésta es una buena forma de escucha activa, de huir de la imposición y de incluir, de alguna manera, la participación ciudadana en los diseños urbanos.

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El texto también reflexiona sobre la conformación del trazado urbano de nuestras ciudades, ya que aparte de la adecuación a la topografía y a las condiciones de cada lugar, abre la posibilidad de que ciertas calles de nuestros centros históricos puedan deber su forma a rutas que hace años fueron caminos del deseo.

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