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Archivo de la etiqueta: urbanismo

¿Recordáis qué es PICUDA? Su nombre es el resultado de un acrónimo: Prácticas Internacionales de Conservación, Urbanismo, Diseño y Arquitectura. Es un WORKSHOP temático, multidisciplinar e internacional cuyos talleres de 2019 se desarrollarán en el marco de la ciudad de Granada siendo esta vez el Patrimonio el protagonista de dichos talleres: Taller práctico para la gestión, conservación y apreciación del patrimonio cultural íbero-americano.

“Las actuales dinámicas en las que se encuentra inmersa la recuperación de nuestro patrimonio cultural, están poniendo de manifiesto la necesidad de propuestas transversales e implicadas activamente con su conservación. La apuesta decidida desde el ámbito universitario por impulsar la transferencia a la sociedad de las experiencias de las distintas disciplinas que se imparten en su seno, ya sean técnicas o de humanidades, justifican el presente curso que dentro de un contexto iberoamericano quiere ser un espacio y momento de intercambio de conocimiento.
La Universidad de Granada, con una larga experiencia en la recuperación, conservación y valorización de su patrimonio histórico, se convierte así en el escenario adecuado de reunión de distintos expertos que desde diversos países y disciplinas quieren intercambiar y compartir con alumnos de distintas áreas sus conocimientos y experiencias”.

Estudio Atope participará en esta ocasión con el taller “El urbanismo sensible” [14-18OCTUBRE2019], ya lo hicimos en 2016 en la ciudad de Bogotá con “De cIUdadano a ciudadano: Estrategias urbanas creativas” y fue una experiencia inmejorable de la que aprendimos muchísimo y en la que aportamos nuestro pequeño granito de arena. Queremos aprovechar esta edición para continuar con aquellas experiencias urbanas con los alumnos, definiendo las acciones planificación y gestión urbana, y dando a conocer entre los alumnos la diferencia entre ellas a la hora de hacer ciudad. Se plantearán otras posibilidades que incorporen la participación ciudadana, la apropiación, el empoderamiento, la identidad y la memoria colectiva en las políticas de intervención del espacio público. Posibilidades que son una oportunidad de cambiar los procesos urbanos para técnicos que en un futuro puedan trabajar bien dentro de las administraciones públicas encargadas de gestionar la ciudad, o bien como trabajadores independientes en trabajos urbanos determinados.

Mediante ejemplos reales se explicarán varias técnicas de creatividad social empleadas en el análisis y diagnóstico colectivo del espacio público. Se darán a conocer herramientas para elaborar acciones y dinámicas acorde con estrategias colaborativas y metodologías participativas de intervención en espacios públicos; así como medidas para sensibilizar y difundir la importancia de la mejora de la calidad de nuestros espacios urbanos y de su activación social, cultural y económica.

Se escogerán 1 ó 2 de estas técnicas para aplicarlas en un lugar concreto y real durante los talleres Picuda para formar técnicos facilitadores que dentro de la acción de GESTIONAR, sean capaces de:

  • trabajar con otras profesiones en las tareas de hacer ciudad para obtener proyectos multidisciplinares que satisfagan necesidades reales de la sociedad.
  • redactar propuestas de mejora urbana en espacios públicos, a través del trabajo colaborativo con la población, en propuestas que nazcan de “abajo hacia arriba” (Bottom-Up).

Se aprenderá a organizar, desarrollar y elaborar estas técnicas participativas teniendo en cuenta las opiniones y experiencias de los asistentes para adaptar las jornadas a sus conocimientos y expectativas, así como a los condicionantes que poco a poco nos vayamos encontrando. Las herramientas o técnicas elegidas para trabajar con la comunidad se adaptarán a la duración del taller y permitirán poner en común y elaborar de forma sencilla un diagnóstico participado del espacio público elegido para obtener un análisis amplio, abierto e inclusivo en el que cualquier ciudadano pueda participar.

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>> #PicudaGranada #elUrbanismoSensible

>> Artículo Relacionado con la dinámica:

Proyecto participativo para la regeneración urbana del entorno del castillo de Martos

 

 

 

 

 

La iniciativa de celebrar el Día Mundial del Urbanismo nace del ingeniero argentino Carlos María della Paolera, primer catedrático de urbanismo de Argentina, ex-director del Instituto de Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires y graduado del Institut D’urbanisme de París. Declarado oficialmente por la ONU en 1949, surge con el propósito de abogar por los intereses públicos y profesionales de la planificación urbana; y se celebra en más de 30 países en 4 continentes cada 8 de noviembre.

“Es un día donde se reconoce y promueve el rol de la planificación en la creación de comunidades sustentables, y presenta una excelente oportunidad para visualizar la planificación desde una perspectiva global, pues es un evento que apela a la conciencia de los ciudadanos y las autoridades públicas al llamar la atención hacia el impacto ambiental que produce el desarrollo de ciudades y territorios. El Día Mundial del Urbanismo debe servir para recordarnos a todos el protagonismo de las ciudades y lograr que, en los 364 días restantes del año, empeñemos el compromiso de conseguir espacios urbanos más humanos, cómodos y habitables. El futuro de nuestras ciudades depende de la responsabilidad de los políticos, de los urbanistas y de los ciudadanos. Debemos apostar con decisión por un urbanismo solidario y humanista que atienda con eficacia las demandas de calidad, de desarrollo y de superación de los desequilibrios.

Respecto a los problemas urbanísticos de las ciudades, Francisco Vázquez Presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), señaló que “el problema que tenemos en España no es, como ocurre en otros países, el de las aglomeraciones de población en las ciudades, salvo los casos quizá de Madrid o Barcelona, todavía somos de un tamaño aceptable en la mayoría de los casos; nuestro problema está en financiar y sostener el conjunto cada vez mayor de servicios que damos a los ciudadanos”.

díaURBANISMO

Fuentes consultadas:
** Gestión Urbana
** Paisaje Transversal

 

No es extraño encontrar imágenes de paneles y planos repletos de pósit [1] cuando buscamos en la red metodologías participativas en los nuevos procesos urbanos. La primera impresión que provocan estas imágenes, aparte de que nos puedan llamar más o menos la atención, es que el uso de estas pequeñas notas de colores puede resultar muy obvio e incluso algo infantil: se realiza un cuadrante con diferentes temas que afectan a un mismo problema (o espacio urbano, en este caso) y se opina mediante pósit de colores, donde cada color representaría una dimensión relacionada con la cuestión planteada.

Bien utilizado (como todo) el pósit es una herramienta muy útil al realizar acciones participativas en proyectos urbanos. Por lo que no estaría mal plantearse qué metodología se va a elegir en función del contexto en el que se va a intervenir y dependiendo de los actores sociales con los que se va a trabajar.

Acuerdos y desacuerdos productivos en la playa, por VIC Vivero de Iniciativas Ciudadanas

Acuerdos y desacuerdos productivos en la playa, por VIC Vivero de Iniciativas Ciudadanas

>> Qué aportan las acciones participativas en los procesos urbanos

Estas técnicas sirven para realizar el análisis urbano desde la reflexión colectiva, poniendo a pie de calle temas relacionados con el hecho de hacer ciudad que históricamente han estado en manos de técnicos y políticos. Es decir, se pasa de un análisis tradicional de la realidad a través de datos objetivos, a analizarla aportando también datos cualitativos, como situaciones y emociones de los participantes (los cuales a su vez suelen estar muy relacionados con el ámbito a tratar). Es importante resaltar que, aunque estos procesos surgen tras la burbuja inmobiliaria como opciones frente a un modelo urbanístico que se basaba en la especulación y en los procesos de arriba a abajo (top-down), no son nada nuevo, sino que cuentan con referentes históricos que no hay que olvidar (tanto teorías como experiencias reales) [2].

El pósit se convierte en los procesos de abajo hacia arriba (bottom-up) en un elemento de reflexión individual que aporta la misma voz a todas las personas presentes, evitando la aparición de líderes y la ausencia de personas más introvertidas. Es decir, comienza sentando las bases de un proceso democrático que promueve la integración de múltiples miradas y la corresponsabilidad [3] (tanto en las decisiones tomadas como en el mantenimiento de los proyectos ejecutados a raíz de estos planteamientos). También fomenta el diálogo entre las partes y la construcción colectiva tanto del análisis de un espacio urbano como de propuestas y soluciones sobre el mismo.

Las técnicas grupales que podemos emplear son muy variadas, escogiendo una u otra dependiendo del grupo o grupos con los que trabajemos, y del contexto en el que nos movamos. Entre las técnicas que podemos encontrar para la búsqueda de espacios intermedios que sustituyan posiciones discursivas rígidas y que visualicen de una manera gráfica dónde se encuentran las prioridades de trabajo [4], se encuentran:

  • SOCIOGRAMA: instrumento y herramienta de investigación colectiva que se emplea para mapear y representar las relaciones que existen en un determinado grupo de actores sociales en una situación o proyecto en concreto.
  • FLUJORAMA: técnica de análisis colectivo que tiene en cuenta la multitud de factores que determinan el conocimiento de un hecho o problema, y que favorece la construcción colectiva de propuestas.
  • MATRICES DE ACTORES: esta técnica relaciona a los distintos actores que pueden intervenir en un proceso urbano y revisa las relaciones, aportaciones y conflictos que pueden establecerse entre ellos.
Ejemplo de Sociograma [Fundación Rizoma+Paisaje Transversal]

Ejemplo de Sociograma[Fundación Rizoma+Paisaje Transversal]

Hemos de ser conscientes, en este caso como técnicos y como dinamizadores de las acciones, que no se puede mecanizar un proceso de estas características, y que habremos de escoger una estrategia en función del tejido asociativo y social donde vayamos a trabajar, para así reconocer si podemos hablar de gestión participativa del espacio a transformar[5]. Para enriquecer los procesos, será fundamental la colaboración entre disciplinas y el intercambio de saberes técnicos y sociales. Durante las dinámicas, será interesante y fructífero detenerse en los procesos además de en los productos finales, ya que el desarrollo de los microconsensos, la obtención de enunciados generales a raíz de los pósit individuales, etc, pueden generar desbordes, entendidos estos como resultados subjetivos no previstos en el momento de planificar la técnica[6].

Por todo esto, es necesario ir más allá y no banalizar el uso del pósit.

 
María Toro Martínez [ESTUDIO ATOPE]

 
 

[1] Escrito tal y como aparece en la RAE

[2] Para mayor información, recomendamos este artículo de Paisaje Transversal

[3] SOCAS, J., SAAVEDRA, L.M., HERNÁNDEZ, G. 2003, La técnica del flujograma: apuntes desde la práctica. Curso ‘Experto en nuevas metodologías de las Ciencias Sociales’, Universidad Complutense de Madrid, pág.2.

[4] SOCAS, J., SAAVEDRA, L.M., HERNÁNDEZ, G. Op.Cit. pág.10.

[5] LÓPEZ, C. Participación ciudadana en la cultura: concepto y realidad. Consultado en enero de 2015, en http://www.eldiario.es/cultura/politicas_culturales/

[6] SOCAS, J., SAAVEDRA, L.M., HERNÁNDEZ, G. Op.Cit. pág.10.

 
**ARTÍCULO ORIGINAL PUBLICADO EN COLECTIVO ’99**
 

Con la frase “la vida siempre tiene razón, el arquitecto es quien se equivoca”, resumía Le Corbusier el proceso desarrollado en Pessac (Burdeos, 1925) en el proyecto de viviendas para obreros industriales encargado por el productor de azúcar Henry Frugès. Una vez finalizado el proyecto, la recién estrenada arquitectura del Movimiento Moderno, se vio modificada de mano de los propios habitantes según su estilo de vida, sus costumbres y su manera de entender la vivienda. Fue Le Corbusier quien, años más tarde, expondría que si el habitante no había entendido la arquitectura, el responsable tal vez fuese el arquitecto; ofreciendo así una visión distinta a las imposiciones demiúrgicas del arquitecto moderno[1].

El arquitecto debe tener esa capacidad de mediador y técnico facilitador. Este concepto se podría definir como aquel profesional con una sólida formación, que asesora en cuestiones técnicas e intenta desarrollar el potencial de los participantes, dirigiendo y propiciando el diálogo constructivo; superando obstáculos, fomentando el trabajo colaborativo para la consecución de objetivos comunes y aprenhendiendo de la realidad urbana y arquitectónica en la que trabaja.

Esta labor de técnico facilitador era y es, una pieza vital y común a la hora de redactar proyectos individuales, ya que la comunicación constante con el cliente es fundamental a la hora de desarrollar la obra en cuestión, enriqueciéndola y formando parte de un aprendizaje entre ambas partes.

Sin embargo, en la escena urbana este proceso se diluye y se transforma en imposiciones que vienen desde arriba y que los ciudadanos deben asumir sin conocer datos reales de la ciudad que habitan, sin posibilidad de decisión u oposición, y por supuesto, sin la posibilidad de plantear alternativas. Este proceso jerarquizado recibe el nombre de top-down, y consiste en la toma las decisiones partiendo de las variables más globales hasta llegar a las más específicas. Se establece una serie de niveles donde el nivel jerárquico y su inmediato inferior se relacionan mediante la entrada y salida de información, respectivamente.

Ya Henri Lefebvre en 1969 acusaba a los arquitectos de imponer su concepción de ciudad a la de los habitantes, sin tener en cuenta sus necesidades, opiniones y deseos reales como datos imprescindibles a la hora de elaborar proyectos urbanísticos y arquitectónicos.

Autoconstrucción del Espacio Escénico La Carpa, Sevilla. Fuente: ArchDaily

Los procesos bottom-up son todo lo contrario a lo descrito anteriormente, ya que comienzan de abajo-a-arriba a través del conocimiento, análisis y diseño detallado de todas las variables que pueden afectar al sistema. Estas partes individuales se enlazan y componen a su vez sistemas más generales, que se unen para formar sistemas globales.

El resurgimiento de estas estrategias urbanas basadas en la participación ciudadana y la innovación social, se vincula a la crisis económica[2] que aún estamos sufriendo y a la disconformidad del ciudadano con el sistema en el que vive; y en el que desea vivir ejerciendo y manifestando sus derechos y libertades democráticas y urbanas.

Los ciudadanos se definen como personas que viven en la ciudad, libres e iguales[3]. En ese sentido hay un concepto de ciudadano que se ha perdido, ya que en demasiadas ocasiones se coarta nuestra capacidad para manifestar nuestra opinión libre y pacíficamente. La ciudad ideal es simplemente ésta: donde vive gente diferente, con cierto nivel de libertad y de igualdad. Si falta una de las dos cosas no hay ciudadanía[4].

El concepto de Derecho a la Ciudad elaborado en los años 60 por Lefebvre resurge con fuerza en estos días y adquiere nuevas dimensiones gracias a la acción ciudadana y al uso de las nuevas tecnologías. Son los ciudadanos los que reivindican una especie de democracia directa que cambie las reglas institucionales de la democracia representativa que hoy conocemos.

El ciudadano reside en lo local y anhela intervenir sobre un territorio más amplio gracias a las herramientas que ofrecen las tecnologías de la información y la comunicación existentes. El “derecho a la ciudad” asocia prácticas ordinarias (elección de un equipamiento, fiestas de barrio, etc.) con aspiraciones planetarias (ciberespacio, ciudadano del mundo,…)[5].

Lo urbano, según Lefebvre, es una forma mental y social, la de la simultaneidad, la de la conjunción, la convergencia y los encuentros. Es una realidad social compuesta por relaciones a concebir, a construir o reconstruir por el pensamiento. Es lo urbano lo que nos obliga a prepararnos para nuevas sociabilidades y nuevas formas de vecindad[6] a través de las redes sociales.

El derecho a la ciudad forma parte de esta revolución urbana que se está viviendo en nuestros barrios gracias a las estrategias basadas en el bottom-up. Es un derecho que nos brinda la posibilidad de utilizar la ciudad -de habitar los espacios públicos- para el encuentro y los momentos de cambio. Para sentirnos parte del entorno en el que vivimos, para mejorar el espacio en el que nos movemos y contribuir en la búsqueda de lugares abiertos a la diversidad, a la creatividad y a favorecer la convivencia entre gentes distintas. Pensamientos que son contrarios a la actual privatización del uso de los espacios públicos, la cual pone de manifiesto la desconfianza de los poderes ‘públicos’ hacia la ciudad. “Desconfianza porque la ciudad es donde la gente ha aprendido a autogobernarse de alguna forma, a ser libre” [7].

Fuente: Paisaje Transversal

 

María Toro Martínez [Estudio atope]

 


[1] DE MOLINA, S. (2014) Pioneros de la participación. Consultado en diciembre de 2012 en http://www.laciudadviva.org

[2] Los movimientos participativos en el urbanismo tuvieron su edad dorada en la década de los sesenta…”. MINGUET MEDINA, J. (2014) Bottom up. Recidiva y reversión. Consultado en febrero de 2014 en http://www.laciudadviva.org

[3] [4] [7] COTELO, E. (2014) Entrevista a Jordi Borja. Consultado en febrero de 2014 en http://www.espectador.com/sociedad/

[5] PAQUOT, T. (2011) Releer El derecho a la ciudad de Henri Lefebvre. Revista Urban, pág. 81-87

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