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Archivo de la etiqueta: Jane Jacobs

Decía Jane Jacobs (1961) que los espacios públicos saludables se solían encontrar en vecindades cuyas calles presentaban gran animación. Además, solían ser espacios seguros: siembre había gente en sus calles, pares de ojos que velaban por la seguridad del barrio.

He vivido en varias ciudades siendo ya adulta: Granada (235.000 habitantes), Jaén (115.000), Madrid (3.150.000) y Bogotá (9.000.000 aproximadamente). En todas ellas disfruté de una sana vida de barrio… menos en Madrid. Y explico por qué:

Para mí, #vidaDEbarrio son esos lazos de confianza y vecindad que se establecen en un barrio gracias a espacios públicos de calidad y a los comercios locales, a la cotidianeidad de actos triviales como bajar al parque con los peques a diario o comprar el pan, a conocer a los vecinos gracias a estos encuentros casuales repetitivos.

He de admitir que me encantan las conversaciones de barrio. Como arquitecta, he aprendido muchísimo de cómo funcionaba urbanísticamente un barrio en cada panadería, en cada pescadería o frutería: “este suelo resbala cuando llueve, el otro día una mujer mayor casi se mata”, “es una vergüenza cómo están los badenes de la Quinta”, “se han desprendido las tejas de ese edificio y es un peligro”, “¿habéis estado en el parque? Se puede estar hasta las 8 ó así, que se va el sol y aparecen los de arriba con los litros”,…

En Bogotá, una ciudad considerada tremendamente insegura, las calles de mi barrio nos ofrecían la calidez y la confianza de quien llega a casa: la gente charlando hasta largas horas en la puerta de la panadería, la tiendita del veci que nunca cerraba,… El saludar a mucha gente conocida al bajarte del taxi te daba una tranquilidad propia de saberse en territorio seguro.

¿Qué pasó en Madrid? Vivía al lado de Plaza Santa Ana, una plaza reformada, dura y llena de terrazas que cualquiera diría que tenía una vida de acera animada y continua. ¿Qué faltaba? Las redes de confianza fijadas día a día. El barrio estaba plagado de bares y terrazas para el turista, era difícil (aunque no imposible) encontrar un barecito de precios asequibles, castizo y muy de barrio. Las pequeñas tiendas de barrio que aún quedaban las frecuentábamos poco, y es que tenían precios tan altos que era insostenible hacer la compra diaria en ellas.

Era complicado establecer esa vida de barrio, ya que al no realizar actos cotidianos no establecíamos marcos de relación y confianza con vecinos y comerciantes (conocía más al conductor del bus de las 07:20 am que al resto de mis vecinos).

Y es que, cuando una ciudad se piensa más para el de fuera que para el de dentro, cuando empiezan a surgir barrios para el turista y el visitante y no se marcan estrategias para favorecer la estancia y la habitabilidad, se pierde esa vitalidad de aceras animadas (por sus propios vecinos) que propician la cohesión vecinal, la seguridad ciudadana, las negociaciones invisibles, las redes de confianza, la vitalidad urbana y los vínculos comunitarios.

 

Sabemos que hace unos años hubo un Jane’s Walk en Jaén, aunque hemos sido incapaces de encontrar información. ¿Y qué es un Jane’s Walk? Es un evento que se celebra de forma anual y que está organizado por ciudadanos que cuentan la historia y el devenir de sus barrios, animando a todo el que participa a compartir memorias, desgranar el funcionamiento urbano de su vecindad y fomentar una vida animada de acera.

Estos paseos emplean el fantástico método de caminar como técnica para aumentar la cohesión vecinal; también para observar, explorar, analizar, escuchar, aprender y compartir barrio de forma colectiva, “para imaginar ciudades mejores”. Es una manera de hacer protagonistas a los residentes de un barrio, los auténticos conocedores del funcionamiento de sus comunidades y que (al menos hasta ahora) han estado apartados del proceso de hacer ciudad, cedido a técnicos y políticos. Están inspirados en los textos de Jane Jacobs (1916-2006), periodista, activista y divulgadora científica teórica del urbanismo y activista politicosocial, nacida en los Estados Unidos y autora de “Muerte y vida de las grandes ciudades”. En su libro, publicado en 1961, “critica fuertemente las prácticas de renovación urbana de los años cincuenta, aportando ideas innovadoras y todavía vigentes sobre cómo funcionan las ciudades, cómo evolucionan y cómo fracasan. La autora defendía los usos mixtos, el espacio público y la diversidad dentro de las ciudades, en contraposición a la oleada de modernismo y planificación que apostaba por la ciudad racional y zonificada caracterizada por grandes polígonos de viviendas, zonas comerciales y zonas de trabajo conectadas por grandes vías de comunicación basadas en el automóvil” (Urbaning).

Los recorridos, derivas o paseos de Jane surgen a partir de su muerte, formándose en Toronto la asociación Jane’s Walk para divulgar su legado y sus ideas. Se celebra el primer fin de semana de mayo (coincidencias: en España el primer domingo de mayo es el día de la madre) y cada vez son más ciudades las que se unen. Como siempre nosotros, estamos pensando en #Jaén.

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Es una manera de acercarse al conocimiento local, basado en lo cercano, cotidiano, subjetivo, emotivo, concreto y vivencial. Un conocimiento que se ha obviado durante años en los proyectos urbanísticos y arquitectónicos y desde el cual abogamos en Estudio Atope como técnicos facilitadores para que los ciudadanos se conviertan en cUIdadanos y se apueste desde las administraciones por un urbanismo participativo de abajo hacia arriba.

Jane Jacobs ideas(Imagen realizada por James Gulliver Handcock)

 

 

Mañana estamos invitados a participar en una charla del club de lectura online Leer la Ciudad, que organiza Derive Lab junto con la Editorial El Caminante.

Cada mes, el club comparte un libro online cuya temática central sea la ciudad; de tal forma que todas las semanas publican información sobre los libros, los autores y algunas citas importantes. Además de esta información, con cada libro hay una sesión de preguntas y respuestas en línea (Google Hangouts), en la que se comenta el libro, ya sea con los escritores o con algún experto en el tema particular.

Este mes de agosto le ha tocado el turno a Los no lugares, un libro escrito por Marc Augé en 1991. La invitación que recibimos fue a partir de este artículo que escribimos para La Ciudad Viva, un paseo de María por los no lugares, por la bibliografía del doctorado,… una reflexión compartida sobre los lugares en los que vivimos, las ciudades que pensamos.

Así que mañana 18 de Agosto a las 12h (hora de México) compartiremos un rato de charla y derivas urbanas junto con Leer la Ciudad, Editorial Caminante, Derive Lab y Mónica Arzoz. ¡Acompáñanos!

LeerLaCiudad

>> CONVERSACIÓN ENTRE MÓNICA ARZOZ Y MARÍA TORO #NOlugares

>> Ejemplos de libros pasados

>> Sesiones de HangOuts anteriores

 

Hace unos días veíamos en el muro de facebook de una amiga esta noticia que llamó profundamente nuestra atención: Los niños recuperan la calle. Nuestra amiga no es arquitecta; es cierto que estudió Aparejadores hace ya mucho tiempo, pero su vida, sus deseos e inquietudes, la han llevado por otros derroteros emprendedores llenos también de creatividad, diseño y tesón. Sin embargo, leemos esta iniciativa y vemos (con una sonrisa) que los promotores de la idea han sido una pareja de arquitectos. Y es que llevamos pensando ya mucho mucho tiempo, que somos mentes inquietas (¡en tantos ámbitos!)… o al menos, el grupete que salió de la ETSA-Granada, nuestros compañeros que ya llevan siendo nuestros amigos casi 17 años (ahí es na). Y es que nos acordamos de ellos porque esta propuesta, podría haber salido de cualquiera de nuestras conversaciones de whatsapps, de teléfono, del blog ’99 que compartimos algunos, etc.

Y sin más rodeos, os contamos esta propuesta que surgió hace 4 años buscando “devolver el uso común y mediterráneo a la calle, en definitiva, hacer ciudad”. Los arquitectos, y padres primerizos, María Bermejo y Arturo López necesitaban un lugar cerca de casa donde su hijo pudiera jugar, relacionarse con otros niños “y, por qué no, que también les brindara a ellos la oportunidad de entablar nuevas amistades con otros adultos. Arturo recuerda casi abrumado que María paraba a otras parejas que ya tenía bicheadas para proponerles quedar en la calle. De allí a crear un grupo de Whatsapp quedaba un paso. Ahora son 76 familias. Al principio se reunían en la plaza de La Constitución, pero se vieron obligados a mudarse por el efecto de la Semana Santa, la Feria y los múltiples acontecimientos que periódicamente la ocupan. Buscaron a conciencia un lugar amplio, fresco en verano y cálido en invierno. La calle Alcazabilla reunía todas las condiciones […] aún sin columpios ni cualidades preestablecidas para el juego, tienen que inventar”, explica María Bermejo. Ellos no han conocido aquellas calles desiertas a la caída de la tarde, que muchas veces daban miedo, recuerda Isabel Valero, madre de la plaza ahora sorprendida porque se haya pasado de no haber un solo bar al otro extremo. Es verdad que dan mucha vida a la ciudad, pero empiezan a pasarse, sobre todo con las terrazas, explica. Lo peor es que no respetan la vía pública de forma continuada, agrega María Bermejo. No obstante, reivindica su lugar en esta encrucijada de intereses: La ciudad es nuestra. Tiene sus inconvenientes, pero sabemos cómo sortearlos y compensa“.

Como decía Francesco Tonucci, “los adultos somos peores si no nos controlan los niños, peores como personas, como conductores, etc. y la ciudad se hace así más insegura“, y cuando esto pasa, suele estar directamente relacionado con el momento en que sus habitantes, residentes y usuarios, no se sienten seguros en sus aceras. Como decía Jane Jacobs, “mantener la seguridad de una ciudad es una tarea fundamental de sus aceras y sus calles“. La gente llama a la gente. Una calle se hace menos insegura cuando las relaciones de confianza en el grupo se restablecen, cuando hay ojos que nos vigilan dentro de una cohesión vecinal establecida y tejida con acciones cotidianas como ésta que hoy os mostramos. Cuántas veces no nos hemos contado los unos a los otros cómo nuestros padres nos mandaban andando al cole (el cual siempre estaba en un radio cercano) cuando contábamos con 10-11 años, confiando en el resto de madres (generalmente) que iban en el mismo camino, en la propietaria de la tienda de chucherías de la esquina o en el grupo de hermanos mayores que hacían también de custodios urbanos. Y esto es algo que se debe construir tanto de arriba a abajo propiciando espacios públicos, manteniendo su calidad y sus cualidades, fomentando actividades que permitan a los ciudadanos “compartir su tiempo y sus pensamientos. Espacios donde aprender a mediar, a ceder, a reconocer a los demás en sus diferencias y necesidades. Abogando por una confianza y un sentimiento de comunidad que a la vez respete la intimidad de las personas” [1]; como también de abajo hacia arriba siendo agentes activos y responsables en el cuidado de nuestras ciudades. Entendiendo por cuidado una educación urbana básica: limpieza, capacidad para compartir nuestros espacios, de ayudar en caso de necesidad a nuestros vecinos si ocurre algún altercado en nuestras aceras, de confiar en el juego de nuestros hijos en la calle, de pensar cómo pueden funcionar mejor nuestros espacios públicos dependiendo de nuestras necesidades… de ahí a querer opinar en el diseño de la regeneración de nuestros espacios públicos, de demandar una cogestión para los mismos, hay un pequeño paso que deben propiciar administraciones e instituciones incluyendo acciones de participación ciudadana (pero de verdad) dentro de sus agendas.

Imagen: Málaga Hoy

Imagen: Málaga Hoy

[1] Gutiérrez, B.; Muxí, Z. (2011) Apuntes sobre Jane Jacobs. Muerte y vida de las grandes ciudades (p. 9). Madrid: Capitan Swing.

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