archivo

Archivo de la etiqueta: Jane Jacobs

El pasado año, María Toro Martínez y el psicólogo Juanjo Imbernon Barbudo, escribieron un trabajo que relacionaba Gestalt y Urbanismo. Un trabajo que hablaba de que nuestra actitud en la ciudad (desde cómo nos movemos, cómo nos relacionamos en el paseo, en una plaza, etc, hasta si somos más o menos ciudadanos productivos) podría estar muy en contacto con los principios básicos de la Gestalt (el todo, el contacto, la responsabilidad y el darse cuenta). Es un trabajo extenso, por lo que lo vamos a dividir en varios post, siendo éste el de la introducción y la conclusión al mismo tiempo.

*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·

Gestalt y urbanismo

Pensar en lo que tienen que ver estas dos disciplinas, puede parecer extraño a priori. Sin embargo, la Gestalt, como corriente humanista que se aproxima al ser humano desde todos sus ámbitos viéndolo como un todo, está íntimamente relacionada con la ciudad. En este trabajo, se pretende enlazar algunos conceptos relevantes en Gestalt con el lugar donde se desarrolla gran parte de nuestra vida: la calle/ciudad. A la vez, invitamos a reflexionar sobre nuestro papel en ella.

Según Fritz Perls, “el hombre moderno vive en un estado de vitalidad mediocre. Aunque por lo general no sufre hondamente, sabe poco acerca de lo que es vivir en forma verdaderamente creativa. En lugar de ello, se ha convertido en un autómata angustiado. Está escrito desde el credo que la humanidad puede llevar una vida más plena y rica que como la mayoría vivimos en la actualidad”. Él tenía la absoluta convicción de que el hombre aún no ha comenzado a descubrir el potencial de energía y entusiasmo que existe en él. Esto es vital de cara a nuestra actitud frente a la vida y también en relación a la ciudad, para darnos cuenta de todo lo que podemos aportar y mejorar en nuestras ciudades desde nuestro conocimiento local, cercano y experiencia.

De acuerdo con Dewey (2003), el objetivo final de las instituciones que hemos creado como sociedad es el de apoyar el desarrollo del individuo. Se trata de pensar la sociedad como una estructura humanocéntrica. Desde este punto de vista, deberíamos construir un entorno que apoye, en la medida que pueda, el desarrollo humano y la calidad de vida recuperando “el protagonismo del espacio público, hoy olvidado, como el lugar de convivencia que ha permitido a la humanidad desarrollarse con plenitud“ (Freire, 2011), para lo que será fundamental regenerar la diversidad de las ciudades a través del modelo de ciudad histórica (compacta, diversa, con mezcla de usos, etc), facilitar la creatividad colectiva y la resolución de problemas de forma colectiva e innovadora, así como facilitar la movilidad para incrementar los encuentros inesperados que fomenten el contacto, los paseos conscientes, la presencia de niños en la calle, los comercios de barrio y los ojos en las calles.

 

>> (I) EL TODO ES MÁS QUE LA SUMA DE LAS PARTES

>> (II) EL CONTACTO

>> (III) LA RESPONSABILIDAD

>> (IV) DARSE CUENTA, AQUÍ Y AHORA

«Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo», Eduardo Galeano

 
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Espejo, R. (2016). Desarrollo humano y participación comunitaria. Algunas reflexiones desde el enfoque gestáltico de Paul Goodman. Revista latinoamericana (23), 1-17.

Holston, J. (2008).La ciudad modernista y la muerte de la calle. Antípoda (7), 257-292.

Jacobs, J., & Abad, Á. (1973). Muerte y vida de las grandes ciudades. Madrid: península.

Martín, A. (2013). Manual práctico de psicoterapia Gestalt. Madrid: Desclée De Brouwer.

Perls, F. (1976). El enfoque Gestalt y Testigos de Terapia. Madrid: Cuatro vientos.

Tonucci, F. (2015). La ciudad de los niños. Grao.

http://arzucomunicacion.lunaazul.org/2016/09/05/teorias-de-la-gestalt/

https://www.ballenablanca.es/jacobs-o-el-elogio-de-la-acera/

https://elblogdefarina.blogspot.com/2009/02/jane-jacobs-destellos-de-sostenibilidad.html

https://www.eldesconcierto.cl/2019/10/30/fotos-estudiantes-de-arquitectura-protestan-dibujando-con-tiza-costosos-departamentos-de-17m%c2%b2-en-plaza-italia/

https://elpais.com/elpais/2016/08/17/eps/1471385101_147138.html

https://www.elsaltodiario.com/especulacion/isabel-martin-eva-morales-ciudad-sostenible-existe-centro-urbanismo-gentrificacion

http://juanfreire.com/algunas-ideas-para-la-recuperacin-del-espacio-pblico/

https://www.instagram.com/p/BmQYzKOAuLg/?igshid=uan1b2dbyi3w

https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/927145/como-la-arquitectura-puede-combatir-la-ansiedad?fbclid=IwAR17JZMbBMN_7mmiBU3rdf5OazV0cTxEXR-QS3Vuq4DX3mHh2L_DsYm7Zh8

https://revistailustres.com/r2/2018/07/05/el-diseno-arquitectonico-y-las-leyes-de-la-gestalt/

http://www.stepienybarno.es/blog/2015/01/07/colectivos-de-arquitectura-y-gestalt/

http://www.stepienybarno.es/blog/2014/12/16/las-tres-arquitecturas-arquitectura-de-la-razon-arquitectura-de-la-emocion-y-arquitectura-de-la-accion/

https://www.traveler.es/viajeros/articulos/mapas-olores-ciudad-smellmaps/11780?fbclid=IwAR3cKqo_ABBztN2SN1IC9_ts-HrPJXtsNui7im4ImK_7rinkXguOqaPYZBU

https://twitter.com/vcabellov/status/1187431748067561477

https://www.univision.com/noticias/citylab-arquitectura/diez-frases-de-jane-jacobs-para-amar-a-nuestras-ciudades

https://veredes.es/blog/maushaus-jorge-raedo-·-publicacionrevistaeducacion-amag-revista-de-arquitectura-para-ninos/

https://www.yaencontre.com/noticias/casas/una-arquitectura-conectada-las-emociones/

 

*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·*·

 

El todo es más que la suma de las partes

El concepto de Gestalt fue desarrollado originalmente por un grupo de psicólogos alemanes que trabajaban en la percepción. Ellos demostraron que el hombre no percibe las cosas como entidades sin relación y aisladas, sino que las organiza mediante el proceso perceptivo, en totalidades significativas o figuras globales que constituyen algo mayor que la mera suma de esas entidades.Como consecuencia, la Gestalt propone contemplar al ser humano tal cual es, como un todo, un entero, y examinar su comportamiento tal cual se manifiesta en el nivel aparente de la actividad física y en el nivel inaparente de la actividad mental. En resumen, la premisa básica de la psicología de la Gestalt es que la naturaleza humana se organiza en formas o totalidades y es vivenciada por el individuo en estos términos. Por ello, se aboga por una visión holística de la vida y por intentar conseguir una integración del mundo cerebral, emocional y conductual.

Llevándonos esta máxima de que “el todo es más que la suma de sus partes” al terreno de la ciudad, a sus calles y edificios, parece lógico pensar que las ciudades tienen una entidad propia que es mucho más que la suma de sus vacíos (calles y plazas) y sus llenos (edificios) practicados por ciudadanos. No es sólo arquitectura, son infinitas disciplinas las que componen la ciudad y las que hacen falta para diseñarla, mejorarla y protegerla. Es más, cada parte se interrelaciona con las demás como piezas de un puzzle que encajan, se superponen y conviven para conformar algo únicoy característico (especialmente en los centros históricos). Sin embargo, en el panorama actual las ciudades están perdiendo su identidad: “La ciudad es hoy en día un rompecabezas inconexo que se produce por fragmentos y a saltos tantas veces impredecibles, con un sentido de comunidad decreciente” (Freire, 2011). ¿Qué está ocurriendo con las ciudades?, ¿hacia dónde vamos? “Cada ciudad, permíteme que te diga, tiene su propio olor”, escribía E.M. Forster en ‘Una habitación con vistas’. ¿Sigue siendo esto verdad o las ciudades cada vez huelen más igual? Uno de los aspectos más negativos de la globalización es la homogeneización que, por supuesto, también afecta a las ciudades. Se quieren bares con la misma imagen, barrios históricos que presenten un mismo escenario tematizado y turistificado, etc, etc. Una de las consecuencias derivada de estas prácticas es la pérdida de identidad de las ciudades, del desvanecimiento de su historia, cuando su riqueza está en percibirlas tal como son, identificarlas y disfrutar de las cualidades de cada una de ellas: el frío del norte, la calidez del sur, la silla en la puerta de la casa,…

Jacobs (1961) se preguntaba qué es lo primero al pensar en una ciudad: sus calles. En todas, no sólo unas pocas. No podemos quedarnos con la experiencia de unas cuantas, sino con la suma de la red urbana. Si hago esto, si me quedo, por ejemplo, con que «en Jaén no hay na‘», estoy negando la parte viva, patrimonial y creativa que sí ofrece posibilidades a la ciudadanía. “Cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés; cuando presentan un aspecto triste, toda la ciudad parece triste. Cuando la gente dice que una ciudad o parte de la misma es peligrosa o que es una jungla, quiere decir principalmente que no se siente segura en sus aceras”. Hay una clara diferencia en cómo nuestros niños se relacionan ahora con la calle: antes solíamos jugar solos en la calle, ir solos al colegio, que no era tanto ir solos sino acompañados por otros padres que iban en el camino al cole, por los ojos de la panadera de la esquina, del frutero que todos conocían. Podíamos jugar en la plaza con los demás niños hasta que alguna madre nos llamaba desde la ventana. Ahora esto es impensable, inseguro. Según Tonucci (2016) les hemos quitado autonomía a los niños (“muchos de los males actuales de la juventud se deben a que los niños salen del cascarón tarde, con demasiadas ganas de vivir todo aquello que no han podido hacer bajo la tutela de las personas adultas”) y las calles son inseguras porque no hay niños en ellas (“Su presencia obliga a los adultos a tener cuidado. Son la seguridad más barata y sencilla”). Si una calle es segura, habrá niños y mayores, “un niño que se mueve con sus progenitores es un hecho privado. Aunque se porten mal los padres, no es fácil intervenir. Un menor que va solo es un hecho público. Por malos que seamos, prácticamente nadie rechaza ayudar a un niño” (Tonucci, 2016). “Si una ciudad es adecuada para la vida cotidiana de los niños quiere decir que es una ciudad segura, con poco tráfico, escasa delincuencia, con redes sociales estables en los barrios que cuidan colectivamente de sus niños” (Raedó, J.).

 

Juanjo Imbernon Barbudo, Psicólogo

María Toro Martínez, Arquitecta

 

El contacto

Todo esto nos lleva a un concepto fundamental en Gestalt: el contacto. A través del contacto cada ser humano tiene la posibilidad de encontrarse en forma nutricia con el mundo exterior, realizando una incorporación o intercambio de alimentos, afectos, etc. Como dijo Perls (1976): “el contacto empieza a funcionar cuando se encuentra el sí mismo con lo que le es ajeno”.

Una de las características del neurótico es que no puede establecer un buen contacto ni organizar su retiro de él. Su ritmo contacto-retiro está descompuesto. El contacto y el retiro, en su forma rítmica, son nuestros medios de satisfacer nuestras necesidades, de continuar los procesos siempre en transcurso que constituyen la vida misma. Este “conectarse con” y “retirarse del” ambiente, esta aceptación y rechazo del ambiente, son las funciones más importantes de la personalidad integral. Todas las perturbaciones neuróticas surgen de la incapacidad del individuo de encontrar y mantener el equilibrio adecuado entre sí mismo y el resto del mundo (Perls, 1976).

Pensemos ahora en nuestras ciudades, pueblos y barrios. Los centros históricos, cada vez más preparados para ser escenarios para el turista y especializados en albergar usos administrativos, con unos horarios de vida durante el día que lo dejan muerto durante la noche. Si una ciudad dormitorio no tiene servicios suficientes como espacios para los niños, tiendas donde comprar lo básico, equipamiento sanitario, etc, se convierten en calles fantasma por las que sólo circulan vehículos. No hay contacto, ni con nuestro entorno, ni con otros ciudadanos. Y como se sostiene desde la Gestalt, el contacto es una de las principales necesidades psicológicas del ser humano. La persona que puede vivir en un contacto significativo con su sociedad, sin ser absorbido enteramente por ella y sin retirarse completamente de ella, es la persona bien integrada. El fin de la psicoterapia es que las personas sean capaces de alcanzar este estado. Por lo tanto, si construimos o fomentamos espacios fríos, mecanizados, sin vida… si construimos un entorno que evite el contacto en lugar de propiciarlo, promovemos la individualidad, la soledad, la falta de confianza y seguridad tanto en la propia calle como en las demás personas.

Probablemente, los límites de la exposición sean uno de los principales obstáculos con los que nos encontramos en la calle para actuar en consonancia con nuestras necesidades (de contacto). Es el temor de ser mirado, observado, reconocido. Es el temor a ser etiquetado, a llamar la atención, a hacer el ridículo. Está íntimamente unido al juicio negativo que los demás hagan de nosotros. El estar viviendo de acuerdo a lo que llamamos “de cara a la galería” consume una gran cantidad de energía y, a la larga, nos crea confusión y alejamiento de nosotros mismos. Nuestra identidad y personalidad se pueden ver afectadas profundamente, y toda nuestra persona sufre con esta actitud de aparentar lo que no es.

Pero como dijimos antes, no sólo el contacto es imprescindible, también la retirada. El ritmo contacto-retirada es necesario para el buen funcionamiento del organismo, y la ciudad es un escenario perfecto para practicar y nutrirnos de ese conectarse y desconectarse que tanto necesitamos. Es una fuente inagotable (de momento) de: yo te toco, te hablo, te escucho, te sonrío, te conozco, te quiero, y también me desconecto y estoy solo. En el proceso normal de crecimiento aprendemos por ensayo y error, poniendo a prueba nuestra vida y nuestro mundo, tan libre e ininterrumpidamente como sea posible, y esos espacios que compartimos con otras personas son el laboratorio perfecto para ensayar y errar, y por tanto, crecer.

Como señala Ángeles Martín en su libro “Manual práctico de psicoterapia gestalt”, la persona finaliza el contacto por varias razones: porque ha quedado satisfecho con el intercambio realizado, porque vive la vida de forma apresurada y pasa de una cosa a otra sin haber concluido la situación anterior o cuando, en su fantasía, imagina que una amenaza se aproxima. Tristemente, el primero de los tres es el menos frecuente de todos en lo que se refiere a los intercambios humanos que tienen lugar en la calle. Otras formas de interrumpir el contacto serían: Clavando la mirada rigidizándola, no mirando (solemos pensar que si no miramos a los demás, los demás tampoco nos miran a nosotros) o mirando sin ver (actitud bastante extendida). La mayoría de las veces no recordamos las características de los lugares que visitamos, circulando por el mundo mirando sin ver.

La calle puede ser un gran laboratorio urbano y social para entender y ser conscientes de cómo somos, desde dónde hacemos las cosas y cómo nos movemos a diario. Ésta es entendida básicamente como una formación lineal y constituye el elemento de transición entre espacios privados y públicos. A día de hoy, la mayoría de nuestros trayectos los realizamos en coche, los contactos cotidianos en las aceras disminuyen, las tiendas de barrio son unas supervivientes, los centros comerciales aumentan su número y los habitantes de los núcleos tradicionales son expulsados de sus barrios bien por olvido institucional bien por convertirse en barrios de moda en los que son incapaces de vivir. Si perdemos estos espacios de transición, lo privado y lo público quedarán cada vez más alejados entre sí.

En este proceso de distanciamiento y aislamiento que nos produce el miedo, la rutina, el estrés y la desconfianza perdemos las oportunidades que la calle nos brinda para desarrollarnos como seres humanos a través de su diversidad, impredecibilidad, espontaneidad y caos. La Gestalt nos dice que seamos capaces de disfrutar del caos, de la casa revuelta,… eso quiere decir que hay vida, que hay gente usando esa casa. Jacobs (1961) abogaba por el caos que es inherente a un lugar donde cohabitan millones de personas. Ella era una decidida partidaria de un proyecto de ciudad y una filosofía de la planificación urbana que no dieran la espalda a la vida y el desorden que necesariamente ésta conlleva. Cuanto más planifico y ordeno un espacio público, menos vida y diversidad dejo que exista. Por ejemplo, el espacio público privatizado mediante las terrazas de los bares y despojado de bancos y espacios para estar sin hacer gasto, determina el tipo de consumidor (no ya usuario), los horarios en los que hay ojos en la calle y discrimina a las clases con menos poder adquisitivo. “Hay que proteger la vivacidad: un gran exceso de control genera ciudades más funcionales, más secas, menos creativas”, Mary Rowe. En la misma línea, Tonucci defiende que en “la ciudad histórica, alrededor del mercado, el símbolo del encuentro, había ricos y pobres […] Eso enriquecía la ciudad. La llegada de la gente del campo para trabajar en la industria fomentó la periferia y la desertización de los centros históricos, que compraron los bancos y el comercio. Tras la Segunda Guerra Mundial, las ciudades se diseñaron para hombres adultos y con trabajo. Se pensaba que si eran buenas para el jefe de la familia, lo serían también para sus mujeres y los hijos”. Crear un lugar específico para ellos (como los parques especializados) es una forma de segregarlos, de excluirlos.

El ideal de una comunidad democrática es crear una sociedad con las mismas características, una comunidad en la cual, a medida que sus necesidades lo determinen, cada miembro participe en beneficio de todos. Tal sociedad se desvela por su contacto con sus miembros; y el límite entre el individuo y el grupo está claramente delineado y es claramente sentido. El individuo no está al servicio del grupo, ni el grupo está al servicio de algún individuo. El principio de homeostasis, de autorregulación, gobierna dicha sociedad.

Fotografía tomada por Jose Jurado en Villanueva del Duque (Córdoba) en verano de 2011

Juanjo Imbernon Barbudo, Psicólogo

María Toro Martínez, Arquitecta

 

 

La responsabilidad

La terapia Gestalt permite a la persona transitar lo que le es difícil para aprender a hacerse cargo de sí misma. Funciona como un laboratorio de empoderamiento, en el cual aprendemos a sostener la propia responsabilidad desde un mínimo de bienestar, no desde la angustia. La responsabilidad es la capacidad de responder por nosotros mismos. Y no se trata de una obligación, si no de subrayar una obviedad. Como dice Claudio Naranjo en La vieja y novísima Gestalt: “La responsabilidad no es un deber sino un hecho inevitable. Somos los actores responsables de cualquier cosa que hagamos. Nuestra única alternativa es reconocer tal responsabilidad o negarla. Y percatarse de la verdad, nos cura de nuestras mentiras.”

Fritz Perls, padre de la Gestalt entendía que ser responsable significa tomar las riendas de mis propias acciones y aceptar mis sentimientos. Ser responsable no significa decirnos a nosotros mismos cómo “deberíamos” actuar o sentir, sino asumir nuestro propio poder de decisión en cada elección, aceptando también las consecuencias de éstas. Yo respondo por mí es la esencia de la responsabilidad. En los planteamientos de la Gestalt, las especulaciones y los razonamientos pasan a un segundo plano y lo que prima es la intuición, lo obvio, “ya que lo importante es el cómo y no se da demasiado juego a los porqués y las interpretaciones”.

Desde la Terapia Gestalt se hace mucho hincapié en que el paciente se haga responsable, de hecho, es uno de los principios básicos de esta terapia junto con el Darse Cuenta y el Aquí y Ahora. En terapia se le señala al paciente que se reapropie de lo suyo y de esa manera pueda hacer algo distinto de lo que viene haciendo hasta el momento. Y con este mismo objetivo lo incluimos aquí, con la esperanza de que los ciudadanos nos empoderemos, nos reapropiemos de nuestra responsabilidad para con nuestro entorno físico y social y podamos hacer algo distinto: darnos cuenta (analizar el entorno), responsabilizarnos (derechos y responsabilidades urbanas) y actuar apropiándonos del espacio y proponiendo soluciones desde la experiencia y no tanto desde el conocimiento técnico.

¿Podemos responsabilizarnos de ser ciudadanos proactivos, de nuestro papel en la ciudad, de tomar conciencia de que somos capaces de mejorar nuestras calles? “Las aceras y quienes las usan no son beneficiarios pasivos de la seguridad o víctimas indefensas de un peligro. Las aceras, sus usos adyacentes y sus usuarios son partícipes activos […]”. La ciudad (construida por ciudadanos durante siglos) determina nuestra actitud, sensibilidad y emoción al pasar por un sitio determinado u otro; nuestra manera de sentir el día a día es distinta si se reside en un barrio con lazos de vecindad y confianza tejida a lo largo del tiempo a través de pequeños contactos cotidianos, a un barrio dormitorio carente de tiendas de barrio, colegios, equipamientos públicos, etc. Entendiéndonos como actores y no como meros espectadores, proponemos retomar nuestra capacidad de actuar sobre lo que nos rodea a través del darse cuenta, de nuestra presencia o nuestra forma estar en la calle.

#verdEA @estudioatope, imagen realizada por Inma Martínez

 

Juanjo Imbernon Barbudo, Psicólogo

María Toro Martínez, Arquitecta

 

Darse cuenta / Aquí y ahora

Como se señaló previamente, el Aquí y Ahora y el Darse Cuenta son aspectos centrales de la terapia gestalt. “Desde el propio Perls hasta sus mayores influencias como el filósofo existencialista Martin Buber o la gran mayoría de sus seguidores, eran judíos que huían de la Alemania nazi, y planteaban una nueva forma de vida que se alejara de la opresión y persecución sufrida. Ese estar siempre pendientes de que les podían tirar la puerta abajo y llevarles en el furgón, tiene mucho que ver con el aporte de su aquí y ahora” (Stepien y Barno, 2017).

En Gestalt, la capacidad de darse cuenta o toma de conciencia (awareness) podría describirse como la melliza desdibujada de la atención. El darse cuenta es más difuso que la atención, implica una percepción relajada en lugar de una percepción tensa, llevada a cabo por la persona en su totalidad. Es la capacidad que tiene todo ser humano para percibir lo que está sucediendo dentro de sí mismo y en el mundo que le rodea.

Dentro de la experiencia se pueden distinguir tres tipos o zonas de darse cuenta:

– Darse cuenta de sí mismo o zona interna: Sensaciones propioceptivas

– Del mundo exterior o zona externa: lo que percibimos con los sentidos

– De la zona intermedia o zona de fantasía: en medio de los dos… todo lo que ponemos en conceptos, gustos, juicios…)

El neurótico encuentra difícil participar plenamente en el presente, le interfieren sus asuntos inconclusos del pasado o del futuro. Sus problemas existen en el aquí y ahora, y sin embargo, muy frecuentemente hay sólo una parte de él aquí como para encararlos.

Uno de los pilares de la Gestalt es trabajar con lo que el paciente experimenta en el momento presente restándole importancia al pasado y al futuro: a lo que nos ancla a lo que pasó o a la fantasía de lo que pasará. Lo importante es tomar conciencia de la realidad, de cómo nos sentimos, de cómo está nuestro cuerpo.

La terapia gestáltica, antes que una terapia verbal o interpretativa, es una terapia vivencial, donde se insta al paciente a darse cuenta de cuál es su relación como individuo con respecto al medio en el que se desenvuelve. Esta relación está en función de un percatarse interno (¿cuáles son mis necesidades, cuáles mis deseos?) y de un percatarse externo (que estímulos me afectan del entorno, cómo capto su organización, los lazos y las leyes que lo determinan, etc). Se relacionan con el darse cuenta la atención y la concentración, es decir, el percatarme de qué ocurre dentro y fuera de mí (atención) y la focalización de la atención (concentración) en un aspecto concreto del campo en el que me hallo. Relacionados con este darse cuenta más genuino estarían el continuo de atención y la atención flotante.” (Montero Regales, citado por Stepien y Barno, 2017).

Si trasladamos todas sus enseñanzas a la ciudad, podríamos preguntarnos: ¿cómo nos movemos por la ciudad?, ¿caminando tranquilamente o gritando el movimiento del de al lado desde el interior de nuestro vehículo?, ¿de forma mecánica, absortos, de una forma rápida y violenta que nos hace rechazar el contacto y hasta enfadarnos con él, o de una forma consciente y tranquila? ¿Qué pasaría si camináramos de una forma consciente con lo que nos rodea y de quienes nos rodean? El darse cuenta no puede ocurrir cuando no estás en el momento presente, en la experiencia del aquí y ahora. Sólo rompiendo lo mecánico podremos experimentar el presente y por tanto, darnos cuenta.

Un ejemplo de las infinitas posibilidades que tenemos para cambiar nuestra presencia en la ciudad es la planteada por Kate McLean, quien cartografía olores, olores de ciudades que explora con la nariz por delante, en paseos olfativos que la artista y diseñadora llama smellwalks. “Mis smellmaps están deliberadamente diseñados como un desafío. Son una invitación a la disidencia y al desacuerdo que, espero, anime a los transeúntes a caminar, oler y experimentar el paisaje de los aromas. Además, nos ayudan a apreciar la diversidad cultural y geográfica de un lugar. Visitar una ciudad utilizando múltiples sentidos es mucho más enriquecedor: permite cuestionarnos lo que los ojos nos cuentan de ese sitio, nos coloca como animales humanos dentro del contexto ecológico de nuestro entorno, y la novedad ralentiza nuestros pasos, posibilitando el descubrimiento de cambios alrededor que, de otro modo, podríamos pasar por alto”.

Imagen: Película Kung Fu Panda

 

 

Juanjo Imbernon Barbudo, Psicólogo

María Toro Martínez, Arquitecta

 

Decía Jane Jacobs (1961) que los espacios públicos saludables se solían encontrar en vecindades cuyas calles presentaban gran animación. Además, solían ser espacios seguros: siembre había gente en sus calles, pares de ojos que velaban por la seguridad del barrio.

He vivido en varias ciudades siendo ya adulta: Granada (235.000 habitantes), Jaén (115.000), Madrid (3.150.000) y Bogotá (9.000.000 aproximadamente). En todas ellas disfruté de una sana vida de barrio… menos en Madrid. Y explico por qué:

Para mí, #vidaDEbarrio son esos lazos de confianza y vecindad que se establecen en un barrio gracias a espacios públicos de calidad y a los comercios locales, a la cotidianeidad de actos triviales como bajar al parque con los peques a diario o comprar el pan, a conocer a los vecinos gracias a estos encuentros casuales repetitivos.

He de admitir que me encantan las conversaciones de barrio. Como arquitecta, he aprendido muchísimo de cómo funcionaba urbanísticamente un barrio en cada panadería, en cada pescadería o frutería: “este suelo resbala cuando llueve, el otro día una mujer mayor casi se mata”, “es una vergüenza cómo están los badenes de la Quinta”, “se han desprendido las tejas de ese edificio y es un peligro”, “¿habéis estado en el parque? Se puede estar hasta las 8 ó así, que se va el sol y aparecen los de arriba con los litros”,…

En Bogotá, una ciudad considerada tremendamente insegura, las calles de mi barrio nos ofrecían la calidez y la confianza de quien llega a casa: la gente charlando hasta largas horas en la puerta de la panadería, la tiendita del veci que nunca cerraba,… El saludar a mucha gente conocida al bajarte del taxi te daba una tranquilidad propia de saberse en territorio seguro.

¿Qué pasó en Madrid? Vivía al lado de Plaza Santa Ana, una plaza reformada, dura y llena de terrazas que cualquiera diría que tenía una vida de acera animada y continua. ¿Qué faltaba? Las redes de confianza fijadas día a día. El barrio estaba plagado de bares y terrazas para el turista, era difícil (aunque no imposible) encontrar un barecito de precios asequibles, castizo y muy de barrio. Las pequeñas tiendas de barrio que aún quedaban las frecuentábamos poco, y es que tenían precios tan altos que era insostenible hacer la compra diaria en ellas.

Era complicado establecer esa vida de barrio, ya que al no realizar actos cotidianos no establecíamos marcos de relación y confianza con vecinos y comerciantes (conocía más al conductor del bus de las 07:20 am que al resto de mis vecinos).

Y es que, cuando una ciudad se piensa más para el de fuera que para el de dentro, cuando empiezan a surgir barrios para el turista y el visitante y no se marcan estrategias para favorecer la estancia y la habitabilidad, se pierde esa vitalidad de aceras animadas (por sus propios vecinos) que propician la cohesión vecinal, la seguridad ciudadana, las negociaciones invisibles, las redes de confianza, la vitalidad urbana y los vínculos comunitarios.

 

Sabemos que hace unos años hubo un Jane’s Walk en Jaén, aunque hemos sido incapaces de encontrar información. ¿Y qué es un Jane’s Walk? Es un evento que se celebra de forma anual y que está organizado por ciudadanos que cuentan la historia y el devenir de sus barrios, animando a todo el que participa a compartir memorias, desgranar el funcionamiento urbano de su vecindad y fomentar una vida animada de acera.

Estos paseos emplean el fantástico método de caminar como técnica para aumentar la cohesión vecinal; también para observar, explorar, analizar, escuchar, aprender y compartir barrio de forma colectiva, «para imaginar ciudades mejores». Es una manera de hacer protagonistas a los residentes de un barrio, los auténticos conocedores del funcionamiento de sus comunidades y que (al menos hasta ahora) han estado apartados del proceso de hacer ciudad, cedido a técnicos y políticos. Están inspirados en los textos de Jane Jacobs (1916-2006), periodista, activista y divulgadora científica teórica del urbanismo y activista politicosocial, nacida en los Estados Unidos y autora de «Muerte y vida de las grandes ciudades». En su libro, publicado en 1961, «critica fuertemente las prácticas de renovación urbana de los años cincuenta, aportando ideas innovadoras y todavía vigentes sobre cómo funcionan las ciudades, cómo evolucionan y cómo fracasan. La autora defendía los usos mixtos, el espacio público y la diversidad dentro de las ciudades, en contraposición a la oleada de modernismo y planificación que apostaba por la ciudad racional y zonificada caracterizada por grandes polígonos de viviendas, zonas comerciales y zonas de trabajo conectadas por grandes vías de comunicación basadas en el automóvil» (Urbaning).

Los recorridos, derivas o paseos de Jane surgen a partir de su muerte, formándose en Toronto la asociación Jane’s Walk para divulgar su legado y sus ideas. Se celebra el primer fin de semana de mayo (coincidencias: en España el primer domingo de mayo es el día de la madre) y cada vez son más ciudades las que se unen. Como siempre nosotros, estamos pensando en #Jaén.

jjw_logo_2012-1_web

Es una manera de acercarse al conocimiento local, basado en lo cercano, cotidiano, subjetivo, emotivo, concreto y vivencial. Un conocimiento que se ha obviado durante años en los proyectos urbanísticos y arquitectónicos y desde el cual abogamos en Estudio Atope como técnicos facilitadores para que los ciudadanos se conviertan en cUIdadanos y se apueste desde las administraciones por un urbanismo participativo de abajo hacia arriba.

Jane Jacobs ideas(Imagen realizada por James Gulliver Handcock)

 

 

Mañana estamos invitados a participar en una charla del club de lectura online Leer la Ciudad, que organiza Derive Lab junto con la Editorial El Caminante.

Cada mes, el club comparte un libro online cuya temática central sea la ciudad; de tal forma que todas las semanas publican información sobre los libros, los autores y algunas citas importantes. Además de esta información, con cada libro hay una sesión de preguntas y respuestas en línea (Google Hangouts), en la que se comenta el libro, ya sea con los escritores o con algún experto en el tema particular.

Este mes de agosto le ha tocado el turno a Los no lugares, un libro escrito por Marc Augé en 1991. La invitación que recibimos fue a partir de este artículo que escribimos para La Ciudad Viva, un paseo de María por los no lugares, por la bibliografía del doctorado,… una reflexión compartida sobre los lugares en los que vivimos, las ciudades que pensamos.

Así que mañana 18 de Agosto a las 12h (hora de México) compartiremos un rato de charla y derivas urbanas junto con Leer la Ciudad, Editorial Caminante, Derive Lab y Mónica Arzoz. ¡Acompáñanos!

LeerLaCiudad

>> CONVERSACIÓN ENTRE MÓNICA ARZOZ Y MARÍA TORO #NOlugares

>> Ejemplos de libros pasados

>> Sesiones de HangOuts anteriores

 

Hace unos días veíamos en el muro de facebook de una amiga esta noticia que llamó profundamente nuestra atención: «Los niños recuperan la calle«. Nuestra amiga no es arquitecta; es cierto que estudió Aparejadores hace ya mucho tiempo, pero su vida, sus deseos e inquietudes, la han llevado por otros derroteros emprendedores llenos también de creatividad, diseño y tesón. Sin embargo, leemos esta iniciativa y vemos (con una sonrisa) que los promotores de la idea han sido una pareja de arquitectos. Y es que llevamos pensando ya mucho mucho tiempo, que somos mentes inquietas (¡en tantos ámbitos!)… o al menos, el grupete que salió de la ETSA-Granada, nuestros compañeros que ya llevan siendo nuestros amigos casi 17 años (ahí es na). Y es que nos acordamos de ellos porque esta propuesta, podría haber salido de cualquiera de nuestras conversaciones de whatsapps, de teléfono, del blog ’99 que compartimos algunos, etc.

Y sin más rodeos, os contamos esta propuesta que surgió hace 4 años buscando «devolver el uso común y mediterráneo a la calle, en definitiva, hacer ciudad». Los arquitectos, y padres primerizos, María Bermejo y Arturo López necesitaban un lugar cerca de casa donde su hijo pudiera jugar, relacionarse con otros niños «y, por qué no, que también les brindara a ellos la oportunidad de entablar nuevas amistades con otros adultos. Arturo recuerda casi abrumado que María paraba a otras parejas que ya tenía bicheadas para proponerles quedar en la calle. De allí a crear un grupo de Whatsapp quedaba un paso. Ahora son 76 familias. Al principio se reunían en la plaza de La Constitución, pero se vieron obligados a mudarse por el efecto de la Semana Santa, la Feria y los múltiples acontecimientos que periódicamente la ocupan. Buscaron a conciencia un lugar amplio, fresco en verano y cálido en invierno. La calle Alcazabilla reunía todas las condiciones […] aún sin columpios ni cualidades preestablecidas para el juego, tienen que inventar», explica María Bermejo. Ellos no han conocido aquellas calles desiertas a la caída de la tarde, que muchas veces daban miedo, recuerda Isabel Valero, madre de la plaza ahora sorprendida porque se haya pasado de no haber un solo bar al otro extremo. Es verdad que dan mucha vida a la ciudad, pero empiezan a pasarse, sobre todo con las terrazas, explica. Lo peor es que no respetan la vía pública de forma continuada, agrega María Bermejo. No obstante, reivindica su lugar en esta encrucijada de intereses: La ciudad es nuestra. Tiene sus inconvenientes, pero sabemos cómo sortearlos y compensa«.

Como decía Francesco Tonucci, «los adultos somos peores si no nos controlan los niños, peores como personas, como conductores, etc. y la ciudad se hace así más insegura«, y cuando esto pasa, suele estar directamente relacionado con el momento en que sus habitantes, residentes y usuarios, no se sienten seguros en sus aceras. Como decía Jane Jacobs, «mantener la seguridad de una ciudad es una tarea fundamental de sus aceras y sus calles«. La gente llama a la gente. Una calle se hace menos insegura cuando las relaciones de confianza en el grupo se restablecen, cuando hay ojos que nos vigilan dentro de una cohesión vecinal establecida y tejida con acciones cotidianas como ésta que hoy os mostramos. Cuántas veces no nos hemos contado los unos a los otros cómo nuestros padres nos mandaban andando al cole (el cual siempre estaba en un radio cercano) cuando contábamos con 10-11 años, confiando en el resto de madres (generalmente) que iban en el mismo camino, en la propietaria de la tienda de chucherías de la esquina o en el grupo de hermanos mayores que hacían también de custodios urbanos. Y esto es algo que se debe construir tanto de arriba a abajo propiciando espacios públicos, manteniendo su calidad y sus cualidades, fomentando actividades que permitan a los ciudadanos «compartir su tiempo y sus pensamientos. Espacios donde aprender a mediar, a ceder, a reconocer a los demás en sus diferencias y necesidades. Abogando por una confianza y un sentimiento de comunidad que a la vez respete la intimidad de las personas» [1]; como también de abajo hacia arriba siendo agentes activos y responsables en el cuidado de nuestras ciudades. Entendiendo por cuidado una educación urbana básica: limpieza, capacidad para compartir nuestros espacios, de ayudar en caso de necesidad a nuestros vecinos si ocurre algún altercado en nuestras aceras, de confiar en el juego de nuestros hijos en la calle, de pensar cómo pueden funcionar mejor nuestros espacios públicos dependiendo de nuestras necesidades… de ahí a querer opinar en el diseño de la regeneración de nuestros espacios públicos, de demandar una cogestión para los mismos, hay un pequeño paso que deben propiciar administraciones e instituciones incluyendo acciones de participación ciudadana (pero de verdad) dentro de sus agendas.

Imagen: Málaga Hoy

Imagen: Málaga Hoy

[1] Gutiérrez, B.; Muxí, Z. (2011) Apuntes sobre Jane Jacobs. Muerte y vida de las grandes ciudades (p. 9). Madrid: Capitan Swing.

A %d blogueros les gusta esto: