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LA CIUDAD VIVA

La Ciudad Viva. Elaborando #PlanoEmocional de #Jaén: #AcciónUrbana #positEA. Foto @estudioatope, mayo 2013

Las ciudades históricas deberían ser espacios vitales de todos y para todos, ya que poseen señas de identidad que las caracterizan y las hacen únicas. Son los espacios donde poder sentirse parte del entorno y de la historia; son reflejo de nuestra identidad, ya que pertenecen a la memoria e imaginario colectivos a la vez que los contienen y mantienen vivos.

Aún así, existen numerosos ejemplos de barrios históricos que han quedado relegados a espacios degradados e infrautilizados. A partir del último tercio del siglo XIX, con el derribo de los recintos amurallados, la centralidad que poseían se va diluyendo a la vez que evolucionaban las ciudades, concentrándose en las nuevas zonas de expansión y favoreciendo el deterioro de los núcleos tradicionales. Aunque en los años 70 renace un interés por lo histórico, la población con posibilidades de mejorar su situación geográfica termina abandonando los cascos viejos, permaneciendo en estos lugares los sectores sociales más desfavorecidos[1]. Los cuales ven aumentada su situación marginal en algunos casos, debido a la inexistencia de estrategias de actuación que integren estas zonas con el resto de la ciudad y a la falta de equipamientos básicos para el día a día.

La ciudad histórica no sólo cumple la función de un marco donde la sociedad encuentra referencias, identidades y puntos de unión comunes, sino que para generar una cohesión social capaz de dinamizar estos barrios es necesario que sea utilizada, ocupada y, en definitiva, vivida por sus habitantes.

Al actuar en estas zonas antiguas, es crucial conocer la complejidad de cada ciudad en todas sus dimensiones y proponer planes de actuación y gestión adaptados a cada situación y a cada momento. Se debe generar un entorno didáctico y pedagógico para fomentar la concienciación y sensibilización con respecto al lugar que habito; para transmitir criterios de valor a una sociedad activa y presente en las transformaciones que afecten a su entorno, facilitando su participación en las propuestas urbanas de mejora donde los ciudadanos han de compartir responsabilidades. En este sentido, los planes urbanísticos han estado durante mucho tiempo al servicio del sector inmobiliario, por lo que no se adaptan a los nuevos sistemas de autogobernanza y organización local en red, empleando en la mayoría de los casos las palabras participación ciudadana como mero reclamo político. Cuando paradójicamente, es esta sociedad autogestionada la que ha ido tejiendo y destejiendo tanto sus acuerdos como sus luchas[2].

La ciudad la deben construir sus ciudadanos y esto lo deben promover sus representantes[3]. Para esto, es necesario educar en la urbanidad y en el respeto, para poder interactuar los unos con los otros y trabajar por objetivos comunes. “Somos más respetuosos si nos chocamos con otro peatón por la calle que cuando vamos conduciendo” (Luis Ibáñez. ETSAGranada, 2004).

La Ciudad Viva. Proyecto CácerescreaCáceres de @PKMNmad

Frente al crecimiento ilimitado y la especulación inmobiliaria, está el contrapeso de la ciudad histórica, que exige una práctica educativa donde se puede enseñar diversidad y complejidad, sostenibilidad (se ha ido construyendo poquito a poco), inteligencias, torpezas y belleza[4].

La ciudad es un millón de cosas, y el espectáculo que nos ofrece puede ser contemplado desde cualquier plaza. El espacio urbano sólo existe cuando es usado. No es un escenario vacío, ni un envoltorio, ni tampoco una forma que se impone a los hechos; es una actividad cuyos protagonistas son esos usuarios que reinterpretan la obra del diseñador a partir de las formas y la utilizan al tiempo que la recorren[5].

Es una suma de estratos superpuestos que la historia ha ido depositando cuidadosamente; y es esta misma ciudad la que pide a sus ciudadanos la necesaria convivencia entre las formas del pasado y del presente, entre tradición e innovación. Para que pueda ser vivida por sus propios ciudadanos (como agentes implicados en su protección, conservación y puesta en valor), son vitales las estrategias basadas en la Participación Ciudadana y la Innovación Social de cara a regenerar estas zonas urbanas. Donde la Arquitectura y el Patrimonio jueguen un papel decisivo como dinamizadores sociales y económicos, así como recursos educativos para su preservación. Para crear conciencia de que somos mediadores entre lo que recibimos y lo que dejamos.

 

María Toro Martínez [Estudio atope]


[2]– DELGADO, M.: De lo incalculable de las ciudades. Resumen del I Congreso Nacional Arquitaxi, pág. 59. Arquitaxi, Granada, 2007

[3]FARIÑA, J. Ponencia en #JornadasLCV, octubre del 2013

[5]– DELGADO, M.: Resumen del I Congreso Nacional Arquitaxi, pág. 56

 
**ARTÍCULO ORIGINAL PUBLICADO EN LA CIUDAD VIVA**
 

La Ciudad Viva. Elaborando el plano emocional en la Plaza de la Magdalena #Jaén. Fuente: Estudio atope

El término Regeneración Urbana Integral se define como tal en la Declaración de Toledo de 2010 como “la consecución de un desarrollo urbano más inteligente, sostenible y socialmente inclusivo”. Dicha Declaración nace de un encuentro entre diferentes responsables ministeriales en materia de Desarrollo Urbano de la Unión Europea, donde queda patente que tras la burbuja inmobiliaria y el consecuente contexto socioeconómico en el que nos encontramos, son las ciudades existentes las que han de asumir nuevos modelos de desarrollo para abordar la regeneración de sus barrios desde una perspectiva integrada. Esto significa que no sólo se tendrán en cuenta aspectos urbanísticos y arquitectónicos, sino que tendrán la misma importancia y se trabajarán al mismo nivel otros muchos como los sociales, culturales, medioambientales y económicos.

Bruno Latour [1] expone que no se conocen objetos que existan simplemente como objetos acabados, sin formar parte de una vida colectiva. Este concepto se puede trasladar a la Regeneración Urbana Integral, ya que la ciudad no puede entenderse como la suma de elementos aislados (edificio, calle, vegetación,…), sino que son las personas y el contexto las que dan sentido a este soporte físico [2]. Todo esto, tejido y entrelazado, es lo que conforma la ciudad.

Actualmente, son numerosos los colectivos (tanto arquitectos como otras disciplinas) que, conscientes de la importancia de englobar todas las dimensiones anteriormente mencionadas, están trabajando en procesos colaborativos y participativos para la rehabilitación de zonas deterioradas y/o desfavorecidas. Uno de los ejemplos pioneros sobre regeneración urbana integral, es el Barrio de la Mina en Sant Adriá del Besós (Barcelona). Este barrio fue uno de los polígonos construidos entre 1960 y 1970 para realojar los núcleos chabolistas creados por los inmigrantes llegados durante el desarrollismo franquista. Desde su creación estuvo gravemente desurbanizado y desequipado, sumiéndose poco a poco en un proceso de degradación que lo transformó en un foco de delincuencia y marginalidad. A partir de los años 80 hubo sucesivos intentos de hacer frente a estos problemas, pero sin un objetivo coherente ni en el ámbito social ni en el urbanístico [3]. Uno de estos intentos consistió en intentar rehabilitar el barrio mediante la introducción de nuevos equipamientos, como el centro cívico La Mina (Enric Miralles y Carme Pinós). Ésta, como otras, resultó ser una operación puntual basada en consideraciones meramente arquitectónicas y estéticas, ajenas a la problemática social del barrio. Además, estos edificios suelen atraer grandes masas de gente en espacios de tiempo relativamente breves, así que para que funcionen es fundamental encontrar otros usos mínimamente proporcionados para que puedan aportar gente a otras horas del día y sostener los usos intensivos [4].

Es el proceso iniciado en 1996 para la puesta en marcha del Fórum de las Culturas de Barcelona 2004, el que favorece la transformación integral del barrio al incluirlo dentro de su plan de acción. A diferencia de anteriores intervenciones, esta vez se tratan de forma conjunta las dimensiones social, urbanística y ambiental, de tal forma que la marginalidad es gestionada desde todas ellas:

—– Marginalidad espacial: poca conectividad del barrio con su entorno. // Se intenta fomentar esta conexión trabajando tanto las continuidades viarias como potenciando usos que generen movimiento e intercambio. Esta estrategia está íntimamente relacionada con lo expuesto por Jane Jacobs (1961) acerca de salvar o mejorar conjuntos: “el objetivo debería ser coger esos conjuntos, esas manchas sobre la ciudad, trenzarlas sobre el tejido urbano, y en ese proceso reforzar el tejido que lo rodea” [5].

—– Marginalidad dotacional local: déficit de servicios y dotaciones que únicamente cubrían las necesidades del sector. // Mediante la inclusión de equipamientos al servicio de toda la ciudad (biblioteca y universidad), se favorecen los flujos urbanos entre distintas áreas. También se generó un espacio público cualificado para que los vecinos sintieran de nuevo el barrio como suyo y se reapropiaran de estos espacios.

—– Marginalidad social y económica: alto nivel de pobreza y exclusión, desarrollo económico débil y alto nivel de desempleo ligado al fracaso escolar. // El objetivo fue generar una economía diversificada, local e integrada en el contexto del barrio. Se promovió en todo momento el contacto entre todos los agentes que participan en el acto de hacer ciudad, especialmente con los vecinos, que desconfiaban de cualquier acto que proviniera de la administración.

La Ciudad Viva. Implicación Vecinal. -Inma Sáinz de Baranda. La Vanguardia, 2002-

En España, y durante mucho tiempo, tanto arquitectos como instituciones se han olvidado de una parte fundamental de la arquitectura: las personas. En esta nueva estrategia de intervención que es la Regeneración Urbana Integral, se debe tener muy presente que ciudad y ciudadanos deben ser un todo inseparable [6], facilitando la participación ciudadana y fomentando la innovación social. “Una ciudad creativa es una ciudad que tiene un sueño”, Jaime Lerner (2009).

 

María Toro Martínez [Estudio atope]


[1] LATOUR, B. “De la mediación técnica: filosofía, sociología, genealogía”. Oeste: revista de arquitectura y urbanismo del Colegio Oficial de arquitectos de Extremadura, Nº 16 (2003), pág. 130

[2] FARIÑA, J. (2013) Consultada en abril de 2012, en http://elblogdefarina.blogspot.com.es

[4] JACOBS, J. “Muerte y vida de las grandes ciudades”. Madrid (2011): Capitán Swing Libros S.L.

[5] JACOBS, J. “Muerte y vida de las grandes ciudades”. Madrid (2011): Capitán Swing Libros S.L.

 
**ARTÍCULO ORIGINAL PUBLICADO EN LA CIUDAD VIVA**
 

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