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COLECTIVO ’99

#planificación VS #gestiónUrbana (Parte II) #urbanismoDEbarrio

A diferencia del urbanismo tradicional (ligado a la planificación, de carácter principalmente técnico), las nuevas estrategias de gestión urbana constituyen un “conjunto de dinámicas con carácter eminentemente sociopolítico que intentan asignar coherencia, racionalidad y creatividad a las distintas medidas de políticas públicas que tendrán como escenario objetivo inmediato el nivel territorial local, o más específicamente, la ciudad […] siendo la gestión urbana la fase más real y participativa que como proceso político tiene lugar en la misma” (Carbonetti; Cáceres; 2003). Para un proyecto urbano razonable, además de la creatividad y la ética, se deben incluir, según Boisier (2002), la eficiencia y la legitimidad, valores que han de superar el principio de consistencia entre lo que se dice que se va a hacer y lo que se hace realmente. Esta metodología de diseño urbano aporta una nueva dimensión, la sociopolítica, que se adecúa a las peticiones actuales de la población en cuanto a la gestión de la ciudad: equidad, eficiencia, productividad, sustentabilidad, competitividad, microurbanismo, participación ciudadana, etc. Hablar de democracia en los procesos de desarrollo y transformación de nuestros barrios se torna en una utopía, ya que generalmente, estos se producen de arriba hacia abajo y los usuarios, pese a poseer un conocimiento local, emotivo, cotidiano, cercano y real de sus entornos, no pueden más que acoger los proyectos que se les imponen. Será la inserción de la participación ciudadana la que legitime y democratice los proyectos urbanos desde la base, al integrar los deseos locales a pie de calle y compaginar aspectos cuantitativos (técnicos) y cualitativos (sociales); y la que asegurará su continuidad al ser los ciudadanos los que los mantengan y protejan al sentirse implicados en los procesos de cambio de sus barrios.

El factor sociedad está siendo clave para el cambio de mentalidad en las formas de hacer ciudad, ya que son sus habitantes los que demandan un papel más activo en la toma de decisiones urbanas al sufrir, vivir y experimentar las acciones derivadas de dichas decisiones. Vidal (2008) asegura “que la reivindicación de la participación en el diseño urbano es también una vía posible para la recuperación de la dimensión política en la práctica social cotidiana”, ya que la dimensión económica es la que ha prevalecido sobre las demás en los últimos tiempos.

Participar en los procesos de mejora urbana fomentará la cohesión vecinal, fortalecerá los vínculos comunitarios y establecerá compromisos con los proyectos desarrollados. Promoverá el apego hacia el lugar generando sentimientos de orgullo y pertenencia al involucrar a los ciudadanos en la evolución urbana, e incorporará el entorno construido entre todos a los “procesos cognitivos y afectivos de manera activa” (Vidal, 2008).

Se puede afirmar que se está produciendo un cambio: de una planificación racional, a la cual le era complicado abordar la complejidad urbana, a una gestión urbana que recupera el concepto de ciudad como un todo resultante de la suma de piezas diferentes, y que por lo tanto, es necesario gestionar desde una visión multidisciplinar y colaborativa.

>> LEER PARTE I

Foto @estudioatope. Consultar proceso en: http://arquitecturaexpandida.org/manos-a-la-carbonera-cicatrices-urbanas/

“Manos a la Carbonera”, Bogotá. Foto @estudioatope. Consultar proceso aquí

>> Publicación original en COLECTIVO’99

El origen de este post nace de estudiar el desarrollo de las ciudades españolas en los últimos años, y como consecuencia, de estudiar la práctica urbanística y las maneras de hacer ciudad. También surge de los cambios que demandan tanto la ciudadanía como algunos técnicos implicados en las tareas de la organización urbana, a raíz de la crisis socio-económica.
Nuestras urbes se han visto absorbidas por un mercado regido por la construcción de nuevas periferias y la creación de nuevos hitos arquitectónicos que generen ciudades marca. Por lo tanto, podemos decir que los planes urbanísticos desarrollados hasta ahora en el territorio español, han partido de:

  • El urbanismo de proyectos, abanderado por equipos de gobierno que buscaban dejar su impronta en la ciudad a través de productos urbanísticos y arquitectos estrella.
  • El urbanismo de lo construido, basado en la especulación inmobiliaria, donde la ciudad se presenta como un catálogo de espacios rentables a la venta.
  • El urbanismo funcionalista, que zonifica la ciudad, limitando el uso del espacio público y queriendo controlar su uso, “obviando lo lúdico, la vida caótica y desordenada (que también es vida)” (Borja & Muxí, 2000).

El cambio de mentalidad y de perspectiva que está resurgiendo con respecto a las transformaciones urbanas que afectan a nuestro entorno, hace que aparezca una diferencia palpable entre las acciones planificar y gestionar:

1. Según la RAE (Real Academia de la Lengua Española):
PLANIFICACIÓN: Plan general, metódicamente organizado y frecuentemente de gran amplitud, para obtener un objetivo determinado, tal como el desarrollo armónico de una ciudad, el desarrollo económico, la investigación científica, el funcionamiento de una industria, etc.
GESTIÓN: 1. tr. Llevar adelante una iniciativa o un proyecto. 2. tr. Ocuparse de la administración, organización y funcionamiento de una empresa, actividad económica u organismo. 3. tr. Manejar o conducir una situación problemática.

2. Hasta el momento, existen planes específicos para abarcar diferentes escalas urbanas desde las escalas más territoriales (Plan de Ordenación Territorial), urbanas (Plan General de Ordenación Urbana) y locales (Plan Parcial y Plan de Detalle); pero no existen herramientas de gestión urbana que consideren la ciudad como un todo en el que deben intervenir diferentes disciplinas a la hora de abordar un proyecto urbano, así como tampoco existen prácticas de participación ciudadana que incorporen conceptos como la innovación social, la microplanificación, la negociación, la cohesión vecinal, el asociacionismo, la co-gestión y la co-responsabilidad.

3. La gestión, como nueva metodología de intervención, aporta la inclusión de la ciudadanía en la toma de decisiones sumando así la dimensión sociopolítica en cuanto a la organización de la ciudad, y adecuándose a las demandas de la población: equidad, eficiencia, productividad, sustentabilidad, competitividad, microplanificación, participación ciudadana, etc.

4. Como afirman Carbonetti y Sagredo (2003), “es posible sostener actualmente que las acciones de gestionar y gobernar comienzan a asociarse cada vez con mayor fuerza no sólo por el protagonismo que detentan los representantes políticos de unidades administrativas a nivel municipal”, sino también por constituir la gestión urbana “la fase más real y participativa que como proceso político tiene lugar en la ciudad”.

5. A diferencia de la planificación, la gestión ha de verse “conjunto de dinámicas con un carácter eminentemente sociopolítico que intenta asignar coherencia, racionalidad, creatividad y conducción a las distintas medidas de políticas públicas que tendrán como escenario objetivo inmediato el nivel territorial local, o más específicamente, la ciudad” (Maximiliano Carbonetti & Sagredo Cáceres, 2003).

6. En muchas ocasiones, la planificación va unida al urbanismo tradicional, que considera la ciudad como un proyecto empresarial (Maximiliano Carbonetti & Sagredo Cáceres, 2003) “que premia el ocio consumista y limita el espacio público” (Rivas, 2015), aun siendo éste el ámbito físico de la expresión colectiva y de la diversidad social y cultural. Esta forma de hacer ciudad, eliminaba cualquier posibilidad de manifestación y expresión colectiva, borrando las cualidades que caracterizan dichos espacios: propiciar el encuentro, lo imprevisto, favorecer la diversidad, la cohesión ciudadana y las relaciones urbanas. Como resultado, se obtenían ”ciudades sin pasión, planificadas y proyectadas al margen de sus usuarios y habitantes, de sus manifestaciones, actividades, rituales, identidad y memoria colectivas” (Delgado, 2007).

7. Así se pasa de una planificación racional, a la cual le era complicado abordar la complejidad urbana, y se recupera el concepto de ciudad como un todo resultante de la suma de piezas diferentes provenientes de todas las disciplinas, y que por lo tanto, es necesario gestionar desde una visión holística.

“El urbanismo no debe pretender resolver los problemas de la sociedad, pero al menos, no debería empeorarlos” (Borja & Muxí, 2000).

>> LEER PARTE II

Catedral de Jaén vista desde un solar abandonado del Conjunto Histórico

Catedral de Jaén vista desde un solar abandonado del Conjunto Histórico

** Publicación original en COLECTIVO’99 **

“Este documental pone caras e historias a una realidad que es la de muchos en este país, pero si tiene algún valor, es precisamente ese, que habla desde una voz conjunta […] esta crisis no concierne en exclusiva a los jóvenes arquitectos, pues es indudable que también hay muchos profesionales del sector que están tratando de sacar su estudio adelante cada mes o que intentan reinventarse en el mercado como pueden, pero precisamente porque esta situación afecta a todos y a muchos niveles, la reivindicación y la lucha colectiva tiene ahora más sentido que nunca.”

LEER también la historia de Ladri, un ladrillo polivalIente que busca su sitio tras salir de la “fábrica”.

PedacicosArquitectonicos

donde está el norte ¿Qué está pasando? ¿Alguien entiende algo? ¿Quién sabe hacia dónde se dirige nuestro paso por las escuelas? ¿Dónde está el norte?

Daniel Natoli, Arquitecto por la ETSA de Málaga, se ha hecho esta y otras muchas preguntas que han dado como resultado el corto documental “¿Donde Está el norte? Arquitectos buscando un lugar”. La situación para el sector de la arquitectura es bastante grave en su mayor parte, pero especialmente complicada para los recién titulados y todos aquellos que están en camino. Expectativas de futuro y vivencias contadas en primera persona se dan la mano en este trabajo que pone de manifiesto, una vez más, que las soluciones no van a llegar por parte de quienes nos han metido en esta situación…

FICHA TÉCNICA
Título: ¿Dónde está el norte? Arquitectos buscando un lugar
Año: 2015
Duración: 23min
Dirección y realización: Daniel Natoli
Entrevistas: Laura Díaz…

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“El espacio público es la ciudad” (Borja & Muxí, 2000). Esta afirmación, que puede resultar tajante y radical, se comprende si se hace un recorrido por los espacios públicos significativos insertos en la trama histórica de cada una de nuestras ciudades.

Las ciudades históricas son la mezcla perfecta donde lo material (tramas, edificios, monumentos) y lo inmaterial (recuerdos, sentimientos, momentos) se combinan para conformar la memoria colectiva de sus ciudadanos. Cada centro histórico es único e irrepetible, “es el espejo de la sociedad y su memoria” (UNESCO, 2011); hacia donde miramos para buscar nuestra identidad, nuestro legado y nuestras tradiciones. En ellas encontramos escenarios que suscitan emociones colectivas, espacios para el encuentro, el intercambio, la oportunidad, el conflicto, la fiesta, la convivencia y las acciones en busca de objetivos comunes que nos hagan sentir parte de un lugar. Especialmente en sus espacios públicos, se puede comprender su historia: los acuerdos y desacuerdos construidos por los ciudadanos día a día desde hace generaciones. El espacio público representa el encuentro del poder con sus ciudadanos, es “donde la sociedad se fotografía y donde el simbolismo colectivo se materializa” (Borja & Muxí, 2000). También es contradicción, ya que pese a ser reflejo de nuestra identidad y el ámbito físico de la expresión de la ciudadanía y de la diversidad social y cultural, al mismo tiempo “evidencia y manifiesta problemas de injusticia social, económica y política” (Borja & Muxí, 2000).

El espacio público es un indicador de calidad, tanto de la situación social, política y cultural de la ciudad, como de la calidad de vida de la gente; entendida ésta como “el grado de satisfacción de las necesidades básicas y de bienestar” (Blanco, 1997).

Por ello, no es de extrañar que, frente a la actual crisis, que ha dado prioridad a la edificación frente a otras dimensiones que también influyen en el acto de hacer ciudad (social, cultural, medioambiental, urbana, etc), se produzca el regreso de la sociedad a su espacio público. Al mismo tiempo, la mirada se vuelve con mayor intensidad hacia la ciudad antigua, ya que cuanto más vértigo nos produce la expansión de las ciudades, cuanto más dispersos son los nuevos barrios, más necesitamos incorporar a la memoria colectiva piezas de la ciudad con carácter relacional: nos sentimos cobijados en la ciudad ya construida. “Frente al crecimiento ilimitado y la especulación inmobiliaria, está el contrapeso de la ciudad histórica, que exige una práctica educativa donde se puede enseñar diversidad y complejidad, sostenibilidad (se ha ido construyendo poco a poco), inteligencias, torpezas y belleza” (Estévez, 2004).

99POST03

#PROYECTOrEAcciona Regeneración de solares abandonados en #Jaén


 
María Toro Martínez [Estudio Atope]


 

Bibliografía
** Borja, J., Muxí, Z. (2000). El espacio público, ciudad y ciudadanía. Barcelona.
** Estévez, X. (2004). Opinión y Práctica en la Ciudad Histórica. Revista Quintana (3), 26.
** Rodríguez Rodríguez, J. (28 de Julio de 2008). Ciudad educadora: Una perspectiva política desde la complejidad. Recuperado el Diciembre de 2013, de Organización de Estados Iberoamericanos: http://www.oei.es/
** UNESCO. (10 de Noviembre de 2011). Preservación del Patrimonio. Recuperado el 21 de Marzo de 2013, de http://www.unesco.org

 
 
**ARTÍCULO ORIGINAL PUBLICADO EN COLECTIVO’99**
 
 

Las ciudades latinoamericanas presentan niveles de desigualdad que se ubican entre los más altos del mundo. Según Jordán, R (2003) la precariedad de la economía y fundamentalmente, del hábitat en América Latina y el Caribe hace que sus territorios sean actualmente incapaces de aprovechar los recursos humanos, sociales y naturales de los que se dispone, así como las dinámicas externas favorables sobre la base del intercambio y la ampliación de mercados.

SAN-CRISTOBAL

En los años noventa, aun en los países que presentaron tasas de crecimiento altas, la distribución de los ingresos no mejoró de manera notable. En países como Bolivia, Honduras o México se observó una mínima reducción de la desigualdad en la distribución del ingreso de los hogares urbanos, mientras que en otros países como Argentina, Colombia, Costa Rica, Panamá, Paraguay o Venezuela esta desigualdad empeoró significativamente (Marcelo, 2003). Esto demuestra que el crecimiento económico de un país no se traduce automáticamente en una distribución equitativa del ingreso, sino que en muchos casos se genera una desigualdad mayor. Esta desigualdad, acentuada en los últimos años, ha producido una separación espacial entre las actividades y población de altos recursos, por una parte, y las actividades informales y los grupos de bajos ingresos, por otra. Esta separación espacial se ha traducido en una fragmentación del espacio urbano (conjuntos urbanos cerrados versus expansión de asentamientos informales). Los grandes proyectos urbanos, los centros comerciales y los barrios privados han derivado en nuevas formas de exclusión física y social.

En el caso colombiano Torres, T. (2009) explica cómo las ciudades no han podido consolidarse ni resolver los problemas acumulados en ellas. Son ciudades en construcción, sin un modelo de ciudad compartido, donde se profundizan las lógicas de segregación.

Colombia es un país que está determinado por el modelo de desarrollo capitalista. La planeación y el ordenamiento urbanístico son elaborados a través de los POT (Planes de Ordenamiento Territorial) que comienzan a implementarse desde 1999. El modelo de ciudad propuesto por los POT pretende ser un modelo integral de desarrollo para cada ciudad y municipio, en el que se establecen las directrices y mecanismos necesarios para lograr un aprovechamiento territorial equilibrado, equitativo y eficiente. Sin embargo, la implementación de este modelo de desarrollo tampoco ha logrado resolver los problemas y características estructurales de las ciudades colombianas, como el desarrollo de la informalidad urbana en todas sus manifestaciones (físico-espacial, ambiental, económica, social y jurídica). Esta concepción de planeación se ha venido aplicando desde los años setenta y continúa generando problemas estructurales en el crecimiento urbano, al estar determinada exclusivamente por la racionalidad del mercado. La gran mayoría de los POT se estructuran sobre una base eminentemente económica, a la cual se supeditan los demás aspectos.

Torres, T (2009) sostiene que los elementos que caracterizan la ciudad no solamente se encuentran en el orden material, sino también en el simbólico y el subjetivo. Se debe entender la ciudad latinoamericana como organismo vivo en permanente proceso de construcción, que refleja una sociedad inacabada y en constante transformación, la cual requiere de una activa participación de los diferentes agentes sociales que en ella interactúan para su adecuado desarrollo y consolidación. Es necesario pensar el mejoramiento e inclusión de la ciudad informal hoy como alternativa para la ciudad.

Los instrumentos clásicos de planificación urbana, orientados al control del uso de la ciudad y el territorio, no son capaces de adecuarse a las nuevas demandas derivadas del proceso de la globalización, por lo que son necesarios nuevos instrumentos de planeación y de gestión.

En este sentido Torres plantea cuatro aspectos que los gobiernos deben considerar para avanzar hacia la construcción de un modelo de ciudad compartido, más en la práctica que en el discurso: profundizar en los procesos de descentralización de la ciudad; garantizar adecuados procesos de participación (construcción colectiva de los proyectos que reclama la ciudad, de un modelo compartido de ciudad); hacer de los procesos de planeación un proyecto colectivo que privilegie las necesidades sentidas de la ciudad en su conjunto; y por último, tener como prioridad la sostenibilidad (ya que los territorios no son ilimitados).

Se debe entender el ejercicio de la democracia como una acción mancomunada entre todos los agentes sociales[1] para el desarrollo integral de los barrios[2]. La construcción de la ciudad no se puede leer como la sumatoria de fragmentos físico-espaciales, sino como la construcción dinámica de tejido social a través de los diferentes agentes sociales que en ella intervienen (la comunidad, el Estado y la iniciativa privada), desenvolviéndose en las dimensiones económica, social, política e ideológica-cultural, las cuales se desarrollan en un espacio concreto que transforma el medio natural.

Por tanto, el problema de fragmentación de la ciudad latinoamericana, y más concretamente el de la ciudad colombiana, debe abordarse desde todas sus dimensiones (ambiental, social, política y económica) y haciendo partícipes a todos los agentes sociales que intervienen en su desarrollo, teniendo como objetivo la construcción de un modelo de ciudad compartido.

 
Luis Peláez [@estudioatope]
 

[1] Los agentes sociales son dinámicos en el proceso de construcción y transformación de la ciudad, como gestores directos de la intervención en el espacio, de la sociedad y de la naturaleza. Actúan a través de diferentes mecanismos de apropiación del suelo y la formación y consolidación de la estructura urbana.

[2] “Los barrios deben ser entendidos como la unidad de análisis urbano y ser concebida como el resultado de la articulación de elementos físico-naturales, sociales, económicos, políticos y culturales”(Torres, 1993)
 
 
**ARTÍCULO ORIGINAL PUBLICADO EN COLECTIVO ’99**
 

Aprovechando esta imagen de la mañana de Reyes del 2015 en la Plaza Deán Mazas en Jaén, vamos a recordar el artículo que escribimos hace un año para el blog Inquietudes Colectivas de ’99.

2015.02.16

>> Eso llamado #espacioPúblico

Vivimos inmersos en la era de la información (y también, por qué no, de la saturación informativa), donde lo privado se transforma en público a través de cada una de nuestras redes sociales. Hay veces que, frente a nuestros ordenadores, podemos sentir que hay un espacio público digital más fuerte que el físico. Y es que, curiosamente, el espacio público físico de las ciudades está sufriendo cada vez más una privatización que tiene como fin ser fuente de ingresos en las arcas municipales.

El espacio público como concepto, está viendo aumentada su consideración como elemento inmanente de toda morfología urbana, y como destino de todo tipo de intervenciones urbanizadoras, en el doble sentido de objeto de urbanismo y de urbanidad [1]; erigiéndose como palabra clave para las administraciones en sus discursos relativos a los conceptos de ciudadanía y democracia.

Una democracia que ve peligrar los lugares simbólicos y plurales para ejercerla. Donde la reunión, la reivindicación, la manifestación social, el encuentro y el diálogo se ven desplazados por terrazas, vallas publicitarias o bancos anti-indigentes. Resulta extraña la acepción elegida -espacio público- en cuanto a su acepción jurídica, ya que es un espacio de titularidad pública, es decir, es propiedad del Estado. Un Estado regido por políticos (con criterios supuestamente democráticos) que en muchas ocasiones no deciden sobre el acto de hacer ciudad (ni que decir tiene que, a día de hoy, ni la ciudad la hacen sus ciudadanos ni hay herramientas que fomenten su participación real y activa en las decisiones urbanas), sino que son los oligarcas que manejan cada vez más los hilos de todo el entramado social quienes toman las decisiones sobre el espacio público (Vicente Patón) [2].

Se podría establecer una relación entre la aparición en nuestras ciudades y centros históricos de las dinámicas de terciarización (cambios de uso de residencial a terciario: oficinas y comercial especializado), gentrificación (expulsión de vecinos de clases populares y sustitución por inquilinos de clases medias o altas) y tematización (dedicar partes acotadas la ciudad a un tema concreto para ofrecerlo como atractivo al turismo local e internacional), con el momento en el que el espacio público aparece en las agendas políticas como mero instrumento político. Ligadas casi siempre a la frase “dotar de vida”, estas estrategias están dirigidas a revitalizar barrios centrales en proceso de degradación urbanística, social, económica y medioambiental, y a reinventarlos mediante pautas regidas por la creación de “marcas de ciudad”. Paradójicamente, esta búsqueda de marcas de identidad orientada a potenciar la singularidad de cada ciudad y cada barrio, se basa en muchos casos en un marketing urbano que busca convertir los centros históricos en meros decorados que funcionen como productos de consumo rentables, expulsando la historia particular de estas zonas antiguas y produciéndose consecuentemente una homogeneización y estandarización de las mismas. Generalmente, las políticas que intentan atraer turistas, visitantes y clases creativas, no suelen estar articuladas con aquellas otras que luchan contra la degradación social y urbana [3].

Tematización de la Calle San Francisco en pleno centro de Alicante para revitalizar la zona y fomentar el tránsito de peatones para activar el comercio (Octubre, 2013. Fotografía: www.alicanteturismo.com)

“Tematización de la Calle San Francisco en pleno centro de Alicante” para revitalizar la zona y fomentar el tránsito de peatones para activar el comercio (Octubre, 2013. Fotografía: http://www.alicanteturismo.com)

Según Manuel Delgado, quizá hubiera sido más adecuado el concepto “espacio urbano” no como espacio “de la ciudad”, sino en el sentido que Lefebvre (1976) o Remy (Remy y Voye, 1992) hubieran propuesto: como espacio-tiempo diferenciado para la reunión, que registra un intercambio generalizado y constante de información y que se ve vertebrado por la movilidad; un espacio que existe sólo cuando es usado.

El espacio público (urbano, social, común, compartido y colectivo) no es un simple ejercicio teórico de la práctica urbanística, así como tampoco debiera ser un producto propagandístico ni publicitario al servicio de entes privados. Es la interacción de multitud de sinergias que nos brindan la posibilidad de aprender en la ciudad y al mismo tiempo, aprender de ella [4].

Es ese lugar donde se debería impulsar la participación, para que sean los usuarios los que puedan decidir sobre sus espacios vitales. Donde fomentar la colectividad, el poder ciudadano y la capacidad de ejercer el derecho a la libertad para ser capaces de manifestar y exponer nuestras inquietudes.

Es fundamental para la formación de cada individuo, ya que ofrece un servicio al ciudadano que no le pueden procurar ni la vivienda ni las instituciones educativas: espacios para la cohesión social, el intercambio intergeneracional y la educación en la urbanidad y el respeto. Y que, en muchos casos, constituye un elemento inseparable de nuestra propia historia personal.

Viñeta de Francesco Tonucci, Frato

Viñeta de Francesco Tonucci, Frato


[1] DELGADO, M.; MALET, D. (2007) El Espacio Público como Ideología. Jornadas Marx Siglo XXI, Universidad de La Rioja, pág. 1

[2] ZABALBEASCOA, A. (2014) Aquí se vende centro de ciudad. Consultada en enero de 2014 en http://sociedad.elpais.com/sociedad/

[3] LHAB (2013) Consultada en enero de 2014 en http://lhab.wordpress.com/

[4] RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, J. (2013) Ciudad educadora: Una perspectiva política desde la complejidad. Consultada en diciembre de 2013, en http://www.oei.es/

No es extraño encontrar imágenes de paneles y planos repletos de pósit [1] cuando buscamos en la red metodologías participativas en los nuevos procesos urbanos. La primera impresión que provocan estas imágenes, aparte de que nos puedan llamar más o menos la atención, es que el uso de estas pequeñas notas de colores puede resultar muy obvio e incluso algo infantil: se realiza un cuadrante con diferentes temas que afectan a un mismo problema (o espacio urbano, en este caso) y se opina mediante pósit de colores, donde cada color representaría una dimensión relacionada con la cuestión planteada.

Bien utilizado (como todo) el pósit es una herramienta muy útil al realizar acciones participativas en proyectos urbanos. Por lo que no estaría mal plantearse qué metodología se va a elegir en función del contexto en el que se va a intervenir y dependiendo de los actores sociales con los que se va a trabajar.

Acuerdos y desacuerdos productivos en la playa, por VIC Vivero de Iniciativas Ciudadanas

Acuerdos y desacuerdos productivos en la playa, por VIC Vivero de Iniciativas Ciudadanas

>> Qué aportan las acciones participativas en los procesos urbanos

Estas técnicas sirven para realizar el análisis urbano desde la reflexión colectiva, poniendo a pie de calle temas relacionados con el hecho de hacer ciudad que históricamente han estado en manos de técnicos y políticos. Es decir, se pasa de un análisis tradicional de la realidad a través de datos objetivos, a analizarla aportando también datos cualitativos, como situaciones y emociones de los participantes (los cuales a su vez suelen estar muy relacionados con el ámbito a tratar). Es importante resaltar que, aunque estos procesos surgen tras la burbuja inmobiliaria como opciones frente a un modelo urbanístico que se basaba en la especulación y en los procesos de arriba a abajo (top-down), no son nada nuevo, sino que cuentan con referentes históricos que no hay que olvidar (tanto teorías como experiencias reales) [2].

El pósit se convierte en los procesos de abajo hacia arriba (bottom-up) en un elemento de reflexión individual que aporta la misma voz a todas las personas presentes, evitando la aparición de líderes y la ausencia de personas más introvertidas. Es decir, comienza sentando las bases de un proceso democrático que promueve la integración de múltiples miradas y la corresponsabilidad [3] (tanto en las decisiones tomadas como en el mantenimiento de los proyectos ejecutados a raíz de estos planteamientos). También fomenta el diálogo entre las partes y la construcción colectiva tanto del análisis de un espacio urbano como de propuestas y soluciones sobre el mismo.

Las técnicas grupales que podemos emplear son muy variadas, escogiendo una u otra dependiendo del grupo o grupos con los que trabajemos, y del contexto en el que nos movamos. Entre las técnicas que podemos encontrar para la búsqueda de espacios intermedios que sustituyan posiciones discursivas rígidas y que visualicen de una manera gráfica dónde se encuentran las prioridades de trabajo [4], se encuentran:

  • SOCIOGRAMA: instrumento y herramienta de investigación colectiva que se emplea para mapear y representar las relaciones que existen en un determinado grupo de actores sociales en una situación o proyecto en concreto.
  • FLUJORAMA: técnica de análisis colectivo que tiene en cuenta la multitud de factores que determinan el conocimiento de un hecho o problema, y que favorece la construcción colectiva de propuestas.
  • MATRICES DE ACTORES: esta técnica relaciona a los distintos actores que pueden intervenir en un proceso urbano y revisa las relaciones, aportaciones y conflictos que pueden establecerse entre ellos.
Ejemplo de Sociograma [Fundación Rizoma+Paisaje Transversal]

Ejemplo de Sociograma[Fundación Rizoma+Paisaje Transversal]

Hemos de ser conscientes, en este caso como técnicos y como dinamizadores de las acciones, que no se puede mecanizar un proceso de estas características, y que habremos de escoger una estrategia en función del tejido asociativo y social donde vayamos a trabajar, para así reconocer si podemos hablar de gestión participativa del espacio a transformar[5]. Para enriquecer los procesos, será fundamental la colaboración entre disciplinas y el intercambio de saberes técnicos y sociales. Durante las dinámicas, será interesante y fructífero detenerse en los procesos además de en los productos finales, ya que el desarrollo de los microconsensos, la obtención de enunciados generales a raíz de los pósit individuales, etc, pueden generar desbordes, entendidos estos como resultados subjetivos no previstos en el momento de planificar la técnica[6].

Por todo esto, es necesario ir más allá y no banalizar el uso del pósit.

 
María Toro Martínez [ESTUDIO ATOPE]

 
 

[1] Escrito tal y como aparece en la RAE

[2] Para mayor información, recomendamos este artículo de Paisaje Transversal

[3] SOCAS, J., SAAVEDRA, L.M., HERNÁNDEZ, G. 2003, La técnica del flujograma: apuntes desde la práctica. Curso ‘Experto en nuevas metodologías de las Ciencias Sociales’, Universidad Complutense de Madrid, pág.2.

[4] SOCAS, J., SAAVEDRA, L.M., HERNÁNDEZ, G. Op.Cit. pág.10.

[5] LÓPEZ, C. Participación ciudadana en la cultura: concepto y realidad. Consultado en enero de 2015, en http://www.eldiario.es/cultura/politicas_culturales/

[6] SOCAS, J., SAAVEDRA, L.M., HERNÁNDEZ, G. Op.Cit. pág.10.

 
**ARTÍCULO ORIGINAL PUBLICADO EN COLECTIVO ’99**
 

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