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Arquitectura

¿Quién no ha jugado alguna vez al pilla-pilla o al escondite y ha gritado “Casa” en el lugar que era seguro para todos, un lugar donde estar protegido? Uno tiene, la mayoría de las veces, infinitas ganas de irse de vacaciones, de desconectar, de irse a sitios distintos para cambiar de aires. Y tras las vacaciones… ummm, qué bien sienta volver a casa. A redescubrir tus espacios, volver a habitarlos, cambiar tus cosas de sitio para volver a renombrarlas, a reinventarlas y revivirlas. La casa, nuestro hogar, nuestro refugio, puede ser uno de nuestros anclajes más fuertes.

Por eso para nosotros es tan importante la comunicación con el cliente: para poder ejecutar sus sueños y que los pueda disfrutar. Todos tenemos una idea de cómo queremos que sea nuestro hogar, de cómo queremos vivirlo, transitarlo y habitarlo. Es nuestra labor materializar estas ideas desde nuestra perspectiva técnica, aconsejando desde una mirada abierta y desde nuestra preparación: no es sólo formalizar ideas, es transformarlas, pensarlas, darles forma y llevarlas a la realidad. Un arquitecto no es sólo aquella persona que dibuja lo que tú ya has pensado, no es sólo el que firma unos planos que tú le das, no es el que calcula la estructura y deja todo lo demás al resto de disciplinas. Para nosotros, es aquel profesional que sabe escuchar, que piensa sobre lo hablado, que piensa tu casa (y la repiensa) en planta, sección y alzado, que tiene en cuenta estructura e instalaciones para que el conjunto sea un todo que vaya a la par y no cada parte por su cuenta haciendo del proyecto una suma de piezas que luego han de entrelazarse a base de chapuzas y calzadores. Es aquel profesional que puede llegar hasta el más ínfimo detalle pensando en volumen, midiendo los espacios y proyectando vida en ellos. Somos más que una firma o un mero trámite. Por eso, cuando alguien viene preguntando por un anteproyecto, pidiendo unos planos, y pretende que estos no sean cobrados, es una falta de respeto hacia la profesión. Y sí, hay compañeros que lo hacen. ¿No es esto regalar nuestro trabajo, rebajarlo hasta lo más mínimo? Con este tipo de prácticas lo que se traduce es: “hago planos como churros, no me cuesta trabajo hacerlos y al día siguiente los tienes en tu buzón”. Tampoco somos una fábrica de ideas gratuita. “Llamo para pedir ideas”. Genial. ¿Acaso las ideas salen solas y a borbotones de mi cabeza? No. Son ideas trabajadas, dibujadas sobre papel vegetal, redibujadas con lápiz y goma y pasadas al ordenador una vez le has dado mil vueltas.

Ahora que estamos en el proceso final de una reforma integral de un apartamento y de una vivienda unifamiliar, nos ha parecido tan importante escribir este post. La comunicación con los clientes ha sido imprescindible desde el primer día: es su dinero, son sus deseos y su futuro. Las visitas a obra han sido constantes, tanto con los clientes como sin ellos. La colaboración con los distintos profesionales que trabajan en la obra ha sido fundamental a la hora de una buena ejecución y materialización. El sentir al cliente contento e ilusionado, nos da alas y nos da fuerzas para decir NO a anteproyectos gratuitos, a ideas que vuelan, van y vienen sin ser cobradas y a intentar darle fuerza a nuestra profesión manteniendo nuestros principios.

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Hoy nos ha conmovido una historia que, a priori, parece sencilla. De ésas que piensas: “ojalá se me hubiera ocurrido a mí”. En la ETSAGr (Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada), tras las notas finales de entregas y exámenes cuatrimestrales, había siempre un espacio desangelado que se llenaba de maquetas de proyectos y de carpelines en todos los formatos conocidos y por conocer de proyectos entregados, evaluados, firmados… y abandonados. Un porcentaje recogía sus trabajos y otro lo dejaba allí tal cual (y muchas veces te enterabas de que tu maqueta y tus formatos vagaban solos por mesas y suelos porque no habían sido capaces ni de poner una triste nota en plan “recoja su trabajo en tal aula”).

© Marleni Primavera / Edición: D

© Marleni Primavera / Edición: D

En fin, que este proyecto que os vamos a contar nos ha encantado: con un fin social de donación, de sostenibilidad y reciclaje, Les da una segunda vida a las maquetas. Y también un “fin educativo que permita una interacción de aprendizaje entre los niños”. La fórmula es simple: “conseguir las maquetas, contactar a las comunidades u organizaciones, entregarles a los niños todas las donaciones y listo”.

Y es que según el artículo de Plataforma Arquitectura: “tanto esfuerzo no puede terminar así […] Una maqueta ha sido hecha con tanto esmero, pasión, sabiduría, arte -dinero, lágrimas, kilos de más- y hasta amor por tantas horas de entrega, que puede cobrar nuevas vidas. Estos pequeños y enigmáticos mundos de cartón pueden ser transformados en lo que la imaginación quiera y a la vez pueden transformar la vida de otros […] FUNDACIÓN MARTE recolecta maquetas para que los niños puedan reutilizarlas como se les ocurra, dándoles una nueva vida; continuando así el ciclo de aprendizaje”.

© Enrique Llatas / Edición: D
© Enrique Llatas / Edición: D
 

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“En línea con los objetivos de investigación y docencia —y con la aspiración de proporcionar el espacio donde se constituya el foro de encuentro entre profesionales y estudiantes, interesados en debatir cómo arquitectura, ciudad y negocio pueden integrarse en un modelo regenerador y sostenible—, la Cátedra Metropol Parasol convoca las V Jornadas sobre “Gestión Económica y Técnica de Espacios Urbanos de Turismo, Comercio y Ocio”: convergencia empresa, administración y universidad ante los nuevos retos en destinos turísticos urbanos.
La actividad se celebrará durante el primer cuatrimestre del curso 2017-2018, desde noviembre de 2017 hasta febrero de 2018″.

Mañana, martes 6 febrero, participaremos como ponentes en la Exposición Temática Proyectos Concursos I-II-III “Tu proyecto: tu ciudad“ contando el primer premio que obtuvimos con nuestro proyecto plantEAT en la edición 2015. El lugar será en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura-Universidad de Sevilla de 16:30 a 21:30 horas.

Para hacer un poco de memoria, el proyecto se gestó bajo un equipo multidisciplinar de las Universidades de Granada, Sevilla y Jaén; y devolvía las huertas urbanas y la actividad agrícola a la judería de Jaén, empleando para ello un solar abandonado en pleno corazón del Conjunto Histórico medieval.

Junto a un equipamiento para el barrio consistente en una cafetería y aulas para talleres urbanos alojados en contenedores marítimos reciclados, se proponía reutilizar los productos obtenidos en las huertas para convertirlos en espacios prácticos vivos. Además, se quería dotar de una función de interés social para la ciudadanía al incluir actividades lúdicas, educativas y culturales en una programación continua. La sostenibilidad económica se basaba en el alquiler y explotación de espacios y en la oferta formativa.

El jurado premió “la innovación del proyecto presentado con el lema planEAT, por proponer una idea innovadora y sostenible, que cuenta con un adecuado análisis básico inicial de los elementos técnicos y económicos exigidos, así como a la aportación de la documentación oportuna en una primera fase, para la posterior redacción de un proyecto técnico y económico más desarrollado”.

 

Este año he escuchado estas tres frases, por suerte, solamente una vez cada una de ellas:

  • La palabra arquitecta no existe.
  • Yo prefiero que me llamen arquitecto, así se me iguala a los hombres.
  • Ésta es María Toro, arquitecto… ¿o quieres que te digamos arquitecta como las modas de ahora?

— A ver, en mi título, del año 2009, pone un ARQUITECTA como una catedral. En el mío y en el de mis compañeras. No es que nadie en secretaría nos dijera: “mira, perdona, ¿qué quieres que pongamos?, ¿quieres ir a la moda o te quedas en lo vintage-tradicional”. No, no, qué va, lo hicieron solos, en un documento de alta validez, expedido por la Universidad de Granada, firmado por el rector, el rey y toda la pesca.

Me gustaría saber qué pone en otras escuelas, universidades, comunidades, países, etc. Sé que en México ponen Arquitecto, lo cual debatí también con unos amigos frente a un rico mole el año pasado. De todas formas, os dejo la definición de la RAE, por si quedan dudas (sí, lo sé, a mí la RAE también me trae por el camino de la amargura con algunos sustantivos y alguna que otra tilde de la que no me puedo desprender así tan fácil como dice ella. Y aun así, sigue siendo la Real Academia de la Lengua Española, y reconoce la existencia de la palabra arquitecta).

— Lo de preferir que nos digan arquitectos, para mí, no nos iguala a los hombres. Nos invisibiliza. Fin.

¿Alguna no ha sentido al ir a la obra que tiene mucho menos peso que sus compañeros frente a los operarios, hasta tal punto de hacerse una misma pequeñita?

— ¿Las modas de ahora? No es una moda, es una realidad. La pena es que antiguamente las mujeres andaban a la sombra y pocas pudieron poner su nombre en igualdad a la de sus parejas. Por suerte, encontramos movimientos e iniciativas que las rescatan de las memorias olvidadas o de las memorias que nunca hubo (yo no conocí a la mayoría de ellas durante mi periodo en la escuela, y mira que fue como pa’ tener tiempo), como 1 día, 1 Arquitecta, o este evento de la UGR basado en el libro “Heroínas del espacio: Mujeres arquitectas del siglo XX“, que tendrá lugar pasado mañana en La Madraza.

 

 

El pasado miércoles 23 mi tío, en su camino al trabajo, nos mandó al grupo de WhatsApp de la familia esta foto con gran pena: la demolición del antiguo hotel Montecarlo.

Y es que los ciudadanos (sean lo que sean, se dediquen a lo que se dediquen y hayan estudiado lo que hayan estudiado) son sensibles a lo que ocurre en sus ciudades, porque las viven, las sienten, las disfrutan y también las sufren. En este caso, veían al hotel como parte de la imagen de la Acera del Darro, como parte de su cotidianidad (el camino al trabajo, el helado en Las Batallas, el paseo de los domingos, las compras navideñas,…). Era parte del paisaje urbano histórico, un superviviente de su manzana, desde la que nos contaba la historia del urbanismo y de la vida de Granada de principios del siglo XX.

Algunos dicen que no ha sido para tanto. Sin embargo, la ciudad pierde así parte de su identidad. La ciudad es una suma de capas históricas, y hemos perdido una. Una vez nos explicaron en clase que la ciudad es como una tarta con capas de distintos bizcochos, cremas, sabores y colores. Si pudiéramos cortar esta tarta y ver cómo distintos pueblos, épocas y generaciones han construido las ciudades, seríamos más respetuosos con el legado que nos dejan y con lo que dejamos a su vez nosotros.

En palabras de José Castillo (profesor de la UGR), el edificio, “con independencia de la presencia en él de Lorca, dispone de notables valores artísticos (arquitectónicos y urbanísticos)”. Se ha intentado sin éxito paralizar el derribo presentando en la Delegación de Cultura la solicitud de declaración de BIC -Bien de Interés Cultural- (única manera de paralizar un derribo desde Cultura), aunque finamente se ha vuelto a atentar contra el Patrimonio Histórico de la ciudad y a dejarlo huérfano sin protegerlo. Dicen que conservarán su fachada, quizás después de las críticas recibidas y quizás porque alguien ha tenido una mínima sensibilidad para con la ciudad. Habrá que esperar.

En este último año hemos realizado 2 proyectos de actividad de 2 naves distintas en el Polígono Industrial de Los Olivares de Jaén para proceder a la tramitación de sus licencias de apertura correspondientes. Cada una de ellas tenía unas características particulares que han hecho que cada proyecto haya sido totalmente diferente. Empezando por su uso. Como sabéis, el nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Jaén se aprobó en febrero de 2016, entrando en ese momento en vigor. Con este nuevo PGOU se considera que todos los polígonos poseen como uso pormenorizado el industrial con algunos usos compatibles según el grado que le corresponda a cada parcela. Con esto se elimina el carácter de servicios que tiene el Polígono de Los Olivares, eliminándose en todo caso el uso terciario. Es decir, quien ya tenga su negocio consolidado en el polígono antes de la entrada en vigor del PGOU no entra en conflicto con el Plan, sin embargo, si se quiere hacer alguna reforma significativa o se quiere abrir un local con carácter terciario, a día de hoy es imposible (admitiéndose, según el grado, los siguientes usos dotaciones: deportivo, público administrativo y servicios urbanos).

Otro factor a revisar y a tener muy en cuenta es si la parcela se encuentra o no fuera de ordenación. Es decir, si cumple con los requisitos establecidos por el PGOU (siguiendo las pautas que marca la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía -LOUA-) en cuanto a las condiciones de la edificación. Esto también marcará la diferencia a la hora de redactar el proyecto de actividad.

Ante las protestas de los usuarios (se impide el emprendimiento de negocios con carácter terciario en el Polígono), se está gestando una modificación del PGOU que se prevé tendrá lugar después del verano para poder aceptar de nuevo usos terciarios.

Seguiremos informando. Y si tienes dudas (diseño, apertura, licencias, etc), puedes ponerte en contacto con nosotros.

Foto: Asociación de Empresarios Polígono de Los Olivares

 

 

 

Esta mañana en nuestras lecturas de desayuno, irrumpía este acertadísimo post de N+1 con el que no podríamos estar más de acuerdo. Situaciones parecidas y un paralelismo laboral entre cocineros y arquitectos que aman su profesión y que se dejan explotar por el Star System a cambio del famoso “no cobras, ¿pero y todo lo que te voy a enseñar?”.

Y esto también lo practican las instituciones públicas, no sólo el sector privado. Nos encantan aquéllas que “ofertan” prácticas de 9 a 14h, de lunes a viernes, de 3 ó 6 meses con la excusa de “voy a enseñarte un montón”. Y si eso es así, entonces, ¿por qué cogéis gente con máster, con doctorado, cursos, etc, etc? Se valora la formación, cuando se debería valorar justo lo contrario. Es una contradicción en sí misma: cogen al mejor formado para formarlo. Eso se llama trabajar gratis. Como dicen en N+1, la esclavitud del siglo XXI en el primer mundo. Un consejo: ya que lo hacéis, coged al que menos formado esté y preferiblemente que resida en la misma ciudad donde se ofertan las prácticas (o al menos tenga familia o amigos que le acojan), porque pagarse un alquiler sin cobrar, es complicado. Llámennos locos. Quizás es esa persona la que necesita esa formación, quizás porque no pueda pagarse un máster, o asistir a cursos, o un largo etcétera.

No les creas, si te han cogido en sus lugares de creación (y peregrinación) es porque ya vales. Tú sabes ya muchas cosas del gremio, y ellos quieren aprovecharlas. ¿Que te faltan otras muchas por aprender? Pues claro, eso siempre. Son disciplinas en las que hay que estar siempre abierto a la innovación y al aprendizaje, aun así, no te dejes explotar. Porque seguramente, si eres de los que se dejan explotar a cambio de un falso aprendizaje, seguramente seas de los que tire los precios cuando salgas a la calle y tengas que cobrar por tu propio trabajo. Y es normal. Nunca valoraste (valoramos) nuestro trabajo, porque lo pagaron a coste cero nada más salir de la escuela. Y ahora que eres tu propio jefe, has pasado al famoso “quiero trabajar a toda costa”. Así que bajas y bajas los precios hasta el punto de no ganar, simplemente vas a “lo comido por lo servido” esperando que la cosa mejore. Y también es normal, nunca valoraste tu trabajo lo suficiente: todos los años de carrera, las horas sin dormir (dentro y fuera de la escuela), la dedicación, el cariño a tus planos, al proceso,… no valoraste (cobraste) eso durante tus prácticas y ahora en tu vida profesional tampoco.
Si somos muchos los que decimos NO, les será muy difícil. No lo olvides (instar a los colegios profesionales, e incluso a las escuelas, a denunciar y regularizar este tipo de situaciones, tampoco estaría nada mal).

Os dejamos un extracto del post N+1:

“Adriá_ El sueldo, esa realidad imaginaria.
Para escribir aquel artículo –repito, hace ya seis años- leímos durante semanas blogs de cocina, foros donde los stagiaires intercambiaban información, revistas online, artículos… poco o nada se decía sobre el tema y cuando, rara vez, alguien planteaba la cuestión, la abrumadora mayoría de contestaciones silenciaban la disidencia empleando el perverso sistema de acusar al crítico de quejica, de vago, de flojo, de no querer aprender. Observamos cómo se asumía con extrema facilidad la perversión del sistema, ningún interés en regularizarlo o, por ser claros, hacerlo legal. Se validaba así el intercambio abusivo de un supuesto aprendizaje a cambio del que se entregaba la única arma de cualquier trabajador, su fuerza de trabajo, como parte de un sistema que responde a la falacia de no entender que la formación especializada de esos cocineros explotados les favorece a ellos… y al señor que lleva las estrellas Michelín, que no es dueño precisamente de una academia.

Jordi Cruz: “Un restaurante Michelín es un negocio que, si toda la gente en cocina estuviera en plantilla, no sería viable. Tener aprendices no significa que me quiera ahorrar costes de personal, sino que para ofrecer un servicio de excelencia necesito muchas manos. Podría tener solo a 12 cocineros contratados y el servicio sería excelente, pero si puedo tener a 20, será incluso mejor. Las dos partes ganan. Es un ‘tú me das tus manos y yo te enseño”
Vayamos por partes. Tener aprendices sin cobrar significa que te estas ahorrando costes de personal. Esto no es debatible. En segundo lugar: las dos partes no ganan, hay una que gana bastante más –el empleador – porque mantiene una posición de dominio y porque aprender en un trabajo es algo que beneficia a ambas partes. El trabajador aprende, cierto, pero el empresario tiene a un personal formado y especializado algo que, con toda seguridad en este caso, necesita. Conviene desmontar esta “mentira del intercambio” que minusvalora la figura del profesional generoso y honrado –los hay-, que reconoce el trabajo, paga a sus empleados y les forma porque es consciente de que a mejores empleados, mejor servicio, lo que redunda a la postre en su beneficio. La formación es una inversión. Nunca un gasto.

No mucho menos surrealista es la respuesta de su compañero en TVE (La pública, ojo) Pepe Rodríguez:
“Me encantaría tenerlos a todos dados de alta en la Seguridad Social, pero yo no puedo tener 20 nóminas en cocina, es una burrada. Y eso que estoy a favor de regular mejor la figura del ‘stagier’, se lo he propuesto a la Junta de Castilla-La Mancha pero no me hacen caso. ¿Qué podemos hacer si tenemos a un montón de jóvenes que quieren venir a aprender? ¿Les niego la entrada?”.
¿Por dónde empezar? Si no puedes tener 20 nóminas, la respuesta es sencilla: No las tengas. Si tiene usted, querido, un montón de jóvenes que quieren ir a aprender, monte una academia. O, en caso de no querer, tenga una cierta ética y no los coja porque con ello les estará enseñando algo importante: a no malvender su trabajo y su esfuerzo. En otro orden de cosas, dudo que este sea un país que necesite un tipo de contrato en exclusiva para dar soporte a un modelo laboral cuya legalidad es más que cuestionable: la pretensión de excepcionalidad es un viejo mito que oculta, las más de las veces, un ejercicio abusivo del poder en busca de privilegios.

En resumidas cuentas, nada que no hayamos escuchado como arquitectos. Todas las falacias puestas en línea”.

 

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